6/3/13

En Madrid no se quiere

[Escrito originalmente entre 2011 y 2012. Nunca publicado hasta hoy]

Hablaba con Israel de que en Madrid la gente está muy acostumbrada a descartar a otra gente como juguetes viejos a la primera de cambio. Y tampoco estoy seguro de si debo usar esa expresión, porque yo lloraba cuando se rompían mis juguetes viejos.

Lo mismo mi sentimiento de apego hacia todo lo que ha compartido parte de su/mi vida es lo poco común en la sociedad.



Sentado en Sol ves pasar a cientos de personas en pocos minutos, van y vienen como las luces blancas y rojas de los coches. Muchos son turistas, muchos son de aquí, pero la gente no para de moverse. Creo que en las ciudades tan grandes se tiene la sensación de no necesitar mantener a la gente en nuestra vida, porque cuando ya no estén aparecerá otra persona a ocupar su lugar. Quizás vivamos en un mundo tan capitalista en el que el cariño, el amor o el sexo sean un producto de consumo más.

Veo algo parecido al efecto de trabajar en una pastelería y no disfrutar de los pasteles, o haber nacido junto a la playa, y no entender la importancia que tiene ver el mar para quien no lo vio nunca.

A eso me refiero cuando digo que en Madrid no se quiere. A que aquí no se quiere de verdad... siempre hay algún motivo detrás de cada relación que mantiene la gente. Quizás sea algún tipo de sentido práctico de ver la vida, pero querer por tradición, aparte de tener su lado difícil, tiene su lado bonito, y es incluso mayor que el anterior.

- ¿Por qué me quieres?
- Te quiero porque te quiero

Creo que la última vez que contesté eso se tomó bastante mal. La gente busca un motivo para que la quieras, y no vale un simple "porque te quiero" o un "me gusta estar a tu lado porque me gusta estar a tu lado". Tengo que quererte porque has hecho esto o lo otro por mí, y has de gustarme porque cumples estos tres requisitos que yo andaba buscando como un imbécil.

No es que me encante no encontrar motivos para querer a la gente, es que el único modelo de vida que me gusta incluye el no tener que buscarlos.

Lo que para mí es hacer la vida más fácil, quizás en esta ciudad, o en este mundo, es complicarse de más.

19/4/12

Anotaciones del margen

Ya llevo más de dos años viviendo en Madrid.


Madrid es una ciudad enorme. Para vosotros, los que me leéis desde fuera para ver de tanto en tanto cómo me va la vida, esta ciudad es lo suficientemente grande para que nunca te falte un concierto al que ir, una exposición que ver, o una nueva obra de teatro de la que disfrutar (quien pueda pagarlas), y también es lo suficientemente grande como para que la mayoría de las relaciones humanas carezcan de humanidad, y se limiten a ser meros instrumentos para conseguir algo. El pan en la panadería, las indicaciones para llegar al museo, o sexo esporádico.

No sé por qué siempre tiendo a analizar Madrid desde un punto de vista sociológico. En parte quizás sea lo que más me llama la atención de aquí, por ser uno de los puntos en los que mayores contrastes encuentro. Contrastes con el pueblo en el que me crié.

También analizo de manera individual cada una de las nuevas relaciones que establezco, y voy haciendo anotaciones sobre cada una de ellas en el margen derecho de mi memoria. Recuerdo que hace mucho tiempo hablé sobre la curva del interés, que representaba gráficamente la fugacidad del interés que muestran unas personas por otras en general. Pues aquí en Madrid parece mucho más acentuada.

Pido disculpas por explicar lo que veo como si yo estuviese excluido de todo pecado, pero la realidad es que jamás he sabido analizar mi propio comportamiento. En cualquier caso aclaro ser consciente de que soy tan susceptible como cualquiera de caer en los comportamientos que poco me gustan e incluso sorprenden en los demás. Probablemente soy tan humano como todos los demás, sin poder sentir que lo soy.

El otro día, repasando las anotaciones mentales sobre mis relaciones del día a día, me preguntaba por qué no se aceptaba coloquialmente la palabra "humano" como insulto. Realmente somos personas llenas de imperfecciones, tanto a nivel físico como espiritual. Tenemos gran capacidad de hacer el bien, que a menudo invertimos para hacer el mal. Como sociedad somos mezquinos, crueles e insensibles, y como individuos egoístas. Fundamentalmente egoístas.

En este repaso de anotaciones me detuve un momento al ver que, entre tanto apunte en rojo había un párrafo enorme escrito en verde, sobre todas las virtudes que encontré una vez en uno de esos humanos que te hacen conservar la esperanza. Que te devuelven el brillo que perdió tu mirada. Que te dicen que el mundo no debería detenerse esta noche.

"Su alma es generosa. No se trata de dar cosas materiales, ni tan siquiera de favores supérfluos, sino de dar felicidad a cambio de nada. Sin límite. Sin duda uno de los retos más difíciles para nosotros los humanos, pero a él le sale con enorme facilidad. 
Es inocente: no sólo por no haber matado a nadie. Ves la inocencia en sus ojos. Las miradas que encuentro casi siempre están opacadas; casi no te dejan ver lo que hay dentro porque las almas, como las aguas de los ríos, se enturbian, pero sus ojos nunca mienten. 
Cada gesto es sincero: nunca he notado el más mínimo esfuerzo en ninguno de sus actos, por difíciles o agotadores que resultaran..."

Y de repente me volví a sentir feliz de estar vivo. De compartir con él lo que la vida nos deje compartir, durante lo que la vida quiera que lo compartamos. Me sentí estúpido por haber querido controlar las dosis de lo que no es cuantificable y no se podía controlar, pero sobre todas las cosas, me sentí afortunado por haberle encontrado de entre las millones de miradas opacas que vi en Madrid.

Feliz cumpleaños Diego.

29/12/11

Lecciones trascendentales.

[Escrito el 29/12/2011, y mantenido oculto durante tiempo indeterminado sin saber el motivo]

Antes de ayer tenía reserva por la mañana. Me gusta pensar en las reservas como días libres porque si piensas en que en cualquier momento podrían llamarte para ir a trabajar a Diossabedónde, viviría colgado de Valerianas.

La cuestión es que este martes en concreto no hubo suerte, y a las 4:05 sonó el teléfono. No son horas para que suene el teléfono. No son horas para que suene nada. Ni el pedo de una mosca debiera sonar antes de las 9 de la mañana.

Como tenía que estar en el aeropuerto a las 6, no pude volver a dormirme, pero sí dediqué como media hora que me sobraba antes de comenzar a prepararme, para pensar y comenzar a divagar sobre cuán difíciles son algunas cosas cotidianas de la vida. Sin embargo, y pese a que levantarse a las 4:35 de la madrugada no es nada placentero, llegué a la conclusión de que las dificultades más grandes que nos encontramos no pasan por lo cotidiano. La vida nos va dando lecciones a lo largo de todo nuestro recorrido, y algunas nos impactan de forma permanente.


Yo suelo aprender las lecciones muy bien, pero con cierto retraso respecto al común de los mortales. Recuerdo con especial ternura el día en que descubrí que al dejar un diente bajo la almohada aparecían 500 pesetas por la mañana. Si hiciera un inciso tendría que mencionar que siempre me pareció espeluznante que un ratón comprara dientes de contrabando colándose en la habitación de los niños mientras duermen, pero será mejor no hacer incisos, que ame desvío con facilidad.

Relacionado con lo anterior, recuerdo con especial intensidad el día que descubrí que el Ratoncito Pérez eran los padres. Fue como lanzar la primera pieza de un circuito de dominó. Luego descubrí que Papá Noel también eran los padres. Y que los reyes... bueno, y que los reyes sí que existían, pero ellos no daban dinero y regalos sino que vivían del dinero de Papá Noel, el Ratoncito Pérez, y el Olentzero todos juntos.

También recuerdo que cuando me fui haciendo mayor, me traumatizó especialmente que el Ratoncito Pérez, Papá Noel y el Olentzero se iban haciendo viejos, y para pagar sus pensiones a mí no me quitaban las 500 pesetas (o 3 euros) que solían dejarme años atrás, sino que me cogían prestada una parte generosa de los 250€ al mes que solían retenerme los amigos de Hacienda.

Ya estaba muy claro... hacerse mayor no era nada sencillo, pero pese a todo lo anterior, encontrar respuestas no es siempre lo más duro que nos puede ocurrir, incluso si las respuestas desencajan todo ese mundo que tu propia mente creó. En mi caso particular, el mayor de los problemas estuvo siempre en no encontrar las respuestas a las preguntas más sencillas. ¿Por qué estamos vivos? ¿cuál es nuestro papel?

Y lo que es más difícil aún... asumir que estos planteamientos te acompañarán toda tu vida y aceptar con resignación que, probablemente, jamás encontrarás una respuesta. Al final, es esta resignación la que te hace ver con buenos ojos todos aquellos tiempos en los que había una respuesta para todo, incluso para los misterios más grandes de tu universo, como el comprender que un gordo barbudo se pueda colar en tu casa sin ni tan siquiera tener chimenea.

P.D: Feliz Navidad.

27/9/11

Cumpleaños feliz.

Podría decir un millón de cosas de mi cumpleaños gitano (lo llamamos así porque duró 3 días y 2 noches) pero lo que tengo clarísimo es que debo empezar dando las gracias a todos por haberlo hecho posible.

Hacía muchos años que no me sentía en un grupo de amigos tan abierto, divertido y entrañable. Cuando por algo te sientes afortunado lo mejor es compartirlo, y desear que los demás se sientan igual.

Y ahora os cuento brevemente lo que fue este fin de semana frenético. El sábado Cora y yo nos despertamos medianamente pronto. Eloi, que tenía reserva en el aeropuerto vino a casa nada más terminar. Tiene mérito su caso especialmente, porque se levantó a las 4 de la madrugada y no volvió a dormir hasta las 4 del día siguiente para darlo todo en mi cumpleaños (un abrazo para él).

Después de picar algo en casa, nos fuimos al parque de atracciones para reunirnos con Diego, Raquel y Yanyan que fueron cada uno por su cuenta. Nos costó muchísimo aparcar; no había visto tanta gente en el parque de atracciones en mi vida, y yo voy mucho. Era como si regalaran chalets en Las Rozas y nosotros fuéramos los únicos que no lo sabíamos.

Quitando el detalle de la masificación, entramos al parque y fue sentirme un poco menos viejo. Colores, peluches gigantes, gritos aquí y allá, algodón de azúcar, niños pequeños, niños grandes... aquello es genial. Cada vez estoy más contendo de haber comprado mi bonoparques para poder ir siempre que quiera.

Hicimos un millón trescientas cuarenta y cinco mil doscientas doce fotos en el parque. No las voy a poner todas, pero os dejo un par.




Sin duda lo pasamos genial, pero de todo el material audiovisual capturado en ese parque, lo major de lo mejor es sin duda el siguiente vídeo, que muestra el pánico de Yanyan mezclado con el descojone popular cuando montamos en la máquina. No tiene desperdicio (y no, no están matando a ningún cerdo).


Cuando cayó el sol nos fuimos a casa de Eloi a cenar, y tomar un par de copas en preparación para salir luego. Jamás había visto Long Play tan vacío como el sábado. Según Yanyan estaba así porque era mi cumpleaños. Quizás se refería a que parecía que hubieran reservado las dos pistas para mí y que por ese motivo no había nadie. A saber.

La noche del domingo, volvimos a reunirnos todos (exceptuando Raquel, que la pobre trabajaba) y por la noche, coincidiendo con mi cumpleaños de verdad, los chicos sacaron una tarta a las 00:00, me cantaron el cumpleaños feliz y me dieron muchos regalitos... Mario Kart, Jardín Zen, Lucky Cat, Black Stories, calzoncillos con bigotes, y yo me autoregalé el Risk para ver si me peleaba con todos ellos. Jugamos a la consola, al Risk, y dormimos todos en casa. Fueron días muy intensos que describo aquí para poder recordarlos siempre. ¡Un millón de gracias!


13/9/11

Carta de disculpa hacia todos los pasajeros.

Al público viajero en general: LO SENTIMOS.

Lo sentimos por no tener almohadas.
Lo sentimos por no tener mantas.
Sentimos mucho que haga frío en el avión.
Sentimos mucho que haga calor en el avión.
Sentimos que los compartimentos superiores estén llenos.
Sentimos no tener armarios empotrados para tu descomunal equipaje.
Sentimos que ese no sea el asiento que querías.
Sentimos que junto a ti se haya sentado ese niño pequeño/gordo/maloliente pasajero.
Sentimos que el avión vaya lleno y no haya otros asientos disponibles.
Sentimos que no hayas conseguido que te cambien a primera clase.
Sentimos que ese hombre te haga sentir incómodo porque parece un terrorista.
Lo sentimos por esta tormenta que nos impide despegar.
Sentimos no saber cuándo parará.
Sentimos que estés atrapado en un espacio tan reducido que, si fueras un animal, PETA protestaría.
Sentimos que nuestro avión no esté equipado con sistemas de entretenimiento de música y vídeo para tu vuelo de 3 horas.
Sentimos habernos quedado sin tu refresco favorito.
Sentimos que ya no queden sandwiches.
Sentimos que la cerveza cueste 5€.
Sentimos no tener pañales para tu bebé.
Sentimos no tener leche para el mismo bebé.
Sentimos que no puedas apoyarte en la puerta de la cabina del piloto mientras esperas para ir al baño.
Sentimos que tengas que sentarte y abrocharte el cinturón de seguridad.
Sentimos que tengas que poner tu asiento en posición vertical para aterrizar.
Sentimos no saber cuándo vamos a aterrizar.
Sentimos no saber si tu avión a (sustituir por cualquier ciudad del mundo) estará esperándote cuando aterricemos.
Sentimos que hayamos aterrizado en otro aeropuerto porque nos quedábamos sin gasolina esperando a aterrizar.
Lo sentimos por todas estas y muchas otras cosas sobre las que no tenemos absolutamente ningún control pero sobre las cuales se nos responsabiliza CADA DÍA.

Por favor, comprended. Los azafat@s no son el enemigo. Compartimos vuestro espacio. Más que nadie, queremos tener una agradable y placentera experiencia de viaje.

Hay una razón por cada cosas que te pedimos que hagas. Puede ser una directiva de la CAA (Auridad de Aviación Civil). Puede estar relacionado con la seguridad, o puede ser un procedimiento de la compañía. No nos inventamos simplemente las cosas. Tampoco pasamos 8 semanas en la academia de vuelo para aprender cómo verter una Coca-cola; hay multitud de cosas a las que los auxiliares de vuelo prestan atención constantemente en cada vuelo POR TU SEGURIDAD. No es simplemente porque estemos aburridos o seamos tan controladores que disfrutemos de decirle a la gente qué hacer.

Me gustaría, por una vez, tener un vuelo en el que no tuviera que repetir a la gente que pusiera sus respaldos en posición vertical para aterrizar. De verdad. ¿Podrías sencillamente hacer lo que te pedimos alguna vez?... ¿Sin las miraditas, giros de ojo y desdén? Para que quede constancia, poner el respaldo en posición vertical puede no ser importante para tu seguridad personal; sin embargo, es muy importante para la persona que se sienta DETRÁS TUYO. Si alguna vez has intentado salir de una fila en la que alguien tenía el respaldo reclinado sabes que puede ser un desafío. Ahora trata de agarrarte los tobillos (posición de emergencia) o salir de esa fila rapidamente y con humo en la cabina. ¿Se entiende un poco mejor ahora?

Muchas otras cosas que pedimos a los pasajeros es para cumplir con la normativa de Aviación Civil. Como por ejemplo los requerimientos del equipaje en salidas de emergencia. Cuándo podemos (y cuando no) servir bebidas. Sólo se nos permite movernos por la cabina durante la rodadura a pista por actividades relacionadas con la seguridad. No podemos coger tu abrigo, o llevarte un refresco. No es que no queramos, es que somos personalmente responsables si fallamos en cumplir con la normativa de Aviación Civil. Esto significa que podemos ser multados con hasta 8.000€ si no cumplimos o hacemos cumplir dichas directivas.

Como que no haya bolsos en las mamparas. Que no haya niños en las salidas de emergencia. Nadie moviéndose por la cabina durante el rodaje. Quizás ahora ya sabes por qué los auxiliares de vuelo se irritan un poco cuando la gente camina por la cabina cuando no deben. No es la compañía la que se mete en problemas por eso, somos nosotros.

Personalmente, me gustaría que las aerolíneas mostraran vídeos de los peores escenarios posibles en un avión. Como qué pasa si caminas por la cabina durante las turbulencias. Podría ser un chico que se cae y se da con la cara en un reposabrazos metálico y ahora tiene una nariz rota. O una señora mayor que ahora tiene un brazo roto porque alguien que caminaba al baño se le cayó encima.

Por favor, simplemente créete que lo hacemos porque es lo mejor para ti, y deja de pelear con nosotros por cada cosa que te pedimos que hagas. Es agotador.

Finalmente, por favor, por favor... dirige tu hostilidad y frustración en la dirección que más efectiva resulte: el servicio de atención al cliente. Ellos son los que tienen las herramientas para manejar tu reclamación e implementar los procedimientos para el cambio.

Piensa en ello. Quejarte a la tripulación del vuelo sobre todo lo negativo de tu experiencia de viaje es parecido a quejarte al bedel de la oficina de que tu ordenador no funciona. Puede hacer que te sientas mejor el despotricar sobre ello, pero realmente no arreglarás nada. Más que nadie nosotros sabemos la falta de comodidades, comida, servicio y confort en el avión. Por favor, comparte tus molestias con las personas en sus cubículos en la empresa que necesitan esa información para tomar mejores decisiones para la experiencia del vuelo.

Es frustrante que mucha gente se niegue a ver que la industria aerea ha cambiado. Los gloriosos días de almohadas, mantas, revistas y comida caliente para todos hace tiempo que se marcharon. Nuestro trabajo es llevarte del punto A al punto B de manera segura al precio más económico posible para ti y para la empresa. Así que estáte preparado: si estás hambriento, consigue un sandwich antes de montar en el avión. Si es un vuelo de 3 horas, puedes prever que tendrás hambre a lo largo del vuelo y traer algunos snacks. Si eres propenso a pasar frío, trae algo con lo que taparte. Piensa en ti y adelántate a los acontecimientos. De lo contrario, no te quejes si tienes que pagar 3€ por una galleta o no tienes con qué taparte y tienes frío.

Oímos a menudo que el servicio ya no es lo que era. Bien, el servicio que nosotros proveemos ya no es el que era. Cuando se me contrató, mi labor principal era servir bebidas, comidas, y asegurarme de que los requerimientos de seguridad aérea estaban cubiertos y estar alerta por si alguna emergencia médica ocurría a bordo. Desde el 11-S mi principal trabajo es asegurarme de que la seguridad del avión no se vea comprometida por un terrorista. El 11S puede parecer distante ahora, pero os aseguro que con frecuencia, cuando un auxiliar de vuelo entra a trabajar recuerda aquel día. Sentimos la responsabilidad personal de que algo como aquello no se repita. No es cuestión de relajarse, y es difícil dejar de sospechar de las intenciones de algunos individuos.

Es difícil estar alerta y ser sociable al mismo tiempo. Especialmente cuando la mayoría de nosotros trabajamos 12 horas al día tras noches en hoteles que sólo nos permiten dormir 5 o 6 horas; no porque estuviéramos de fiesta la noche anterior, sino porque los retrasos que a ti te afectan como pasajero, nos afectan a nosotros como tripulación, por lo que ese descanso programado de 12 horas ahora se quedan en 10, que no te permiten recuperarte de lo que ha sido un día repleto de estrés.

A pesar de todo, seguimos disfrutando de nuestro trabajo. Si escribo esto es porque aún me preocupa mi profesión y la percepción que tiene el público de nosotros. Puedo estar un día entero sin que ninguna persona me diga nada remotamente civilizado. Estaré en la puerta del avión y diré hola a todo el mundo y quizás el 50% me devolverá la mirada, y aún menos contestarán al saludo. La mayoría de veces la única ocasión que tienes para conversar con un pasajero es cuando se está quejando.

Tras soportar largas jornadas sin que nadie te trate adecuadamente es difícil sonreír, y aún más interactuar con la gente sin miedo a una mala contestación. Somos humanos. Apreciamos el mismo respecto y cortesía que cualquier pasajero espera.

La próxima vez que vueles, intenta tratar a los auxiliares de vuelo de la forma que a ti te gustaría ser tratado. Podría sorprenderte lo amigable que es tu tripulación cuando les tratas como a personas normales.

Autor desconocido.

15/8/11

Día 1

Son las 00.59 del lunes.

Estoy sentado en la terraza del cuarto de arriba con Adriana mientras el resto de la casa sigue en silencio. Nosotros también guardamos silencio.

Yo le dedico un rato a este blog en mi iPad mientras Adriana lee una novela policiaca llamada Rex Stout de la que jamás oí hablar. Sin embargo, ella parece estar disfrutando con la lectura.


Yo estoy bastante feliz. Cada vez que vengo a Málaga a estar con los míos yo sé que lo peor de todo será volver, y no porque no sepa estar solo, sino porque en Madrid soy tan sólo una pieza de un puzzle que es gris en su totalidad.

Cumplo mi función en mi trabajo, encajo en un grupo de amigos de adopción, a los que quiero mucho, pero sigo sintiendo que yo soy un amigo circunstancial, no uno de esos amigos de años a los que simplemente se quiere porque sí.

Adoro que la gente se quiera porque sí. Siempre que pienso en esto me vuelven a la mente las discusiones de '¿por qué me quieres?' que he mantenido con mucha gente a lo largo de estos años. Te quiero porque es lo que siento, y punto; y aquí se me quiere porque se me quiere, y ya.

Jamás podré comprender a los racionalizadores de sentimientos. Es como intentar convertir la fe en ciencia. O como convertir las relaciones humanas en formulas matemáticas que ni ellos sabrían entender, y en eso se convierte mi vida al volver a la capital.

Un cúmulo de fórmulas muy exactas en las que si falto un día a trabajar me echan, si digo algo en tono incorrecto a Eloi se enfada, si no pago la tarjeta puntualmente, no tardo en recibir una amenaza judicial, y si le regalo un móvil a un amigo me dará las gracias de manera protocolaria.

No estoy diciendo que algo de lo anterior no sea normal, pero la realidad es que allí todo lo que tengo es racional, es matemático y exacto, y casi todo carece de calidez humana.

Sé que ya os hablé de este sentimiento en una ocasión, pero hoy necesitaba desahogarme un poquito.

Supongo que muchos son los cambios que tengo que hacer en el rumbo de mi vida, y de ahí que hayamos vuelto al día 1. Lo importante no es ver que las cosas están mal, sino que queden fuerzas para querer cambarlo. Al fin al cabo soy yo quien tiene que controlar mi vida y no mi vida a mí.

Y ahora, si me disculpáis seguiré disfrutando del fresquito, de observar a mi cuñada leyendo su libro, y aprovechar el idílico momento para organizar, aunque sea mentalmente, lo que espero de mi vida.

Ubicación:Málaga,España

19/7/11

Día 123

Anoche, al igual que me ocurre a mí hoy, no podía dormir. Menos mal que se quedó Diego a dormir en casa, porque siempre que no puedo dormir, prefiero tener a alguien a quien molestar. No hacía calor, pero simplemente no había ni un ápice de sueño al que agarrarnos. Probamos de todo, película malísima, jugar al tiny wings hasta gastar las yemas de los dedos, cerrar los ojos, abrir los ojos, cerrar los ojos... hasta que probamos lo que no suele fallar. Hablar.


Le conté a Diego que el otro día me pasó algo parecido, y que, para intentar atraer al sueño, me puse a calcular cuántos kilómetros habría recorrido, tanto trabajando como viajando por ocio. Tras gastar media hora de mi vida, me salió como resultado la friolera de 2.370.000 KM.

Como no se quedó dormido, ni yo tampoco, le pregunté que a qué distancia estaba la luna, aprovechando que él es de ciencias. Me dijo que no lo tenía claro, pero que creía que sería 1 año luz, más o menos. Y teniendo en cuenta el rigor científico de toda la conversación, se podría decir que 'más o menos' tenía razón. Tras una pequeña búsqueda en google, descubrimos que sólo se equivocó por:


Kilómetros. Ahí es nada. Nos separan de la luna, de media, 384.400KM. Entonces empecé a decirle que me parecía una pérdida de tiempo haber recorrido 2.370.000KM sin haber salido de la tierra, que podría haber ido y vuelto de la luna 3 veces, y una de las veces lo habría llenado todo de rosas.

- Entonces la luna se vería rosa, ¿no?

Desde ese momento entendí que para divagar sería mejor hacerlo solo. Luego intenté llevar la conversación por otro lado. Ya que él estudia teleco, pensé hacer preguntas que sí podría responder.

- Diego, ¿cómo funciona la radio?.

- No sé.

- Buenas noches, Diego.

6/7/11

Día 110

Me he borrado la cuenta de Facebook. Realmente nunca la terminé de entender, y personalmente no me sirvió para expandir mis amistades, sino para mantener una falsa etiqueta de amistad con gente de la que no quiero saber nada, gente que no quiere saber nada de mí, y que después de 2 años sin llamar te piden por Facebook chat billetes de avión económicos. Bueno, sirvió para eso y para perder muchos minutos años atrás recolectando tomates virtuales.


Como estoy en contra de las amistades por contrato (tipo 'soy tu amigo porque tú eres mi amigo') he puesto fin por lo sano a un perfil que nunca me terminó de gustar. He pensado que volveré a la vieja escuela de llamar amigos a quienes son mis amigos aunque no les tenga en facebook, ni en Google+, ni en twitter.

Estoy a favor de redes sociales como twitter y Google+ porque no existen las amistades por contrato. Si alguien te gusta compartes tus cosas, si a ellos les interesa las leen. Si no, nadie recibe ningún mensaje por activa o por pasiva de que pepito ya no es tu amigo, o que menganito ya no quiere saber lo que has hecho hoy. A mí me interesa menganito porque me divierte, me entretiene, o estoy secretamente enamorado de él. Sin compromisos.

Me parece bien que la gente no se comprometa porque no se puede comprometer. Cuando lo hacen sólo es un paso previo a una gran decepción. A mí la gente ya raramente me decepciona porque, incluso aunque se comprometan, sé cómo son los compromisos de la gente.

La vida tampoco me está tratando demasiado bien últimamente. La muerte y las enfermedades me están cercando de uno u otro lado. Intento convencerme de que la vida es así, de que estas cosas simplemente pasan porque es lo natural, y lucho para no creer que la vida es mucho más fácil no vivirla. Quizás lo vería diferente si junto a las pálidas noticias surgieran brotes de esperanza o luz, pero no es el caso.

Para rematar, los turnos de estos días han sido bastante infernales, no recuerdo el último día que probé un plato de comida que no fuera una rosca de jamón de Mercadona, y charlar más de 5 minutos con Diego desde que se fue a Logroño es algo así como misión imposible. Tampoco es que tenga nada alegre que contar, pero bueno, mola pensar que la gente está "cerca" incluso cuando no está cerca. Yanyan está tonta, como siempre.

Desde luego, conocer gente en Madrid tampoco es tarea fácil. Creo que es porque todo el mundo está loco. O estoy loco yo y todos ellos son normales, pero para el caso es lo mismo. Aunque probablemente el motivo real es que conocer gente me duele, en gran parte, porque me doy cuenta de cuánto echo de menos a mi perro.