6/7/11

Día 110

Me he borrado la cuenta de Facebook. Realmente nunca la terminé de entender, y personalmente no me sirvió para expandir mis amistades, sino para mantener una falsa etiqueta de amistad con gente de la que no quiero saber nada, gente que no quiere saber nada de mí, y que después de 2 años sin llamar te piden por Facebook chat billetes de avión económicos. Bueno, sirvió para eso y para perder muchos minutos años atrás recolectando tomates virtuales.


Como estoy en contra de las amistades por contrato (tipo 'soy tu amigo porque tú eres mi amigo') he puesto fin por lo sano a un perfil que nunca me terminó de gustar. He pensado que volveré a la vieja escuela de llamar amigos a quienes son mis amigos aunque no les tenga en facebook, ni en Google+, ni en twitter.

Estoy a favor de redes sociales como twitter y Google+ porque no existen las amistades por contrato. Si alguien te gusta compartes tus cosas, si a ellos les interesa las leen. Si no, nadie recibe ningún mensaje por activa o por pasiva de que pepito ya no es tu amigo, o que menganito ya no quiere saber lo que has hecho hoy. A mí me interesa menganito porque me divierte, me entretiene, o estoy secretamente enamorado de él. Sin compromisos.

Me parece bien que la gente no se comprometa porque no se puede comprometer. Cuando lo hacen sólo es un paso previo a una gran decepción. A mí la gente ya raramente me decepciona porque, incluso aunque se comprometan, sé cómo son los compromisos de la gente.

La vida tampoco me está tratando demasiado bien últimamente. La muerte y las enfermedades me están cercando de uno u otro lado. Intento convencerme de que la vida es así, de que estas cosas simplemente pasan porque es lo natural, y lucho para no creer que la vida es mucho más fácil no vivirla. Quizás lo vería diferente si junto a las pálidas noticias surgieran brotes de esperanza o luz, pero no es el caso.

Para rematar, los turnos de estos días han sido bastante infernales, no recuerdo el último día que probé un plato de comida que no fuera una rosca de jamón de Mercadona, y charlar más de 5 minutos con Diego desde que se fue a Logroño es algo así como misión imposible. Tampoco es que tenga nada alegre que contar, pero bueno, mola pensar que la gente está "cerca" incluso cuando no está cerca. Yanyan está tonta, como siempre.

Desde luego, conocer gente en Madrid tampoco es tarea fácil. Creo que es porque todo el mundo está loco. O estoy loco yo y todos ellos son normales, pero para el caso es lo mismo. Aunque probablemente el motivo real es que conocer gente me duele, en gran parte, porque me doy cuenta de cuánto echo de menos a mi perro.

1 comentarios:

raul dijo...

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