11/10/16

Línea directa no ve relación entre mis lesiones y el accidente del Opel Corsa que nunca tuve.

Me comunica vía carta certificada mi aseguradora, Línea Directa, que el informe biomecánico evidencia la inexistencia de relación de causalidad entre la lesión comunicada y el daño ocasionado en el siniestro.



Complementan la carta con un informe biomecánico muy básico en el que se puede ver cómo difícilmente puede ocasionar un latigazo cervical, un par de arañazos en el paragolpes de un Opel Corsa por un roce con un Peugeot 406. Incluso yo quedé convencido de que era imposible sufrir semejante lesión en dichas circunstancias, excepto por un pequeño detalle. Ni yo tengo un Opel Corsa ni lo que me golpeó era un Peugeot 406. Es más, tampoco había ocurrido el 8 de septiembre como me comunican en la carta.

Uno siempre piensa que una aseguradora puede ser mejor o peor en cuanto a servicios prestados y comodidades ofrecidas al asegurado, pero confundir por completo un siniestro con las lesiones de otro, llega a un nivel de incompetencia y falta de rigor profesional nunca antes visto por estos ojos.

¿Cómo una aseguradora llega a asignar un siniestro aleatorio a un asegurado?

Y otra duda que me corroe desde que recibí la carta, y aprovecho para exponer aquí en caso de que algún abogado leyese esta entrada. ¿Adónde debería acudir ahora?

Os dejo un par de fotos. Una del accidente real en la C31 de entrada a Barcelona, de Mayo de 2016 y otra del roce del Opel Corsa de marras que parece haber ocurrido en un garage.


14/3/13

Ni tsuei zhai lalalala (8)

Estoy malo. Llevo unos 5 días que soy un saco de mocos, dolores de cuello y de todos los otros tipos de dolores que un humano pueda almacenar. Mi madre cree que es lo emocional lo que nos hace ponernos malos, y aunque normalmente siempre le digo que está loquísima, creo que en esta ocasión tiene mucha más razón de la que podría yo pensar.


Pues hoy, ya de por sí enfadado por estar malo y de baja durante varios días sin signo alguno de mejoría real, a las seis de la tarde llaman a la puerta. Si debo decir la verdad casi me cago en los pantalones porque es la primera vez en 4 meses que alguien llama a mi puerta. Ignoré la llamada por miedo, hasta que se escuchí a través de mi puerta (que por cierto, tiene la propiedad mágica de dejar pasar todos los sonidos)...

- ¿Signore Pablo?

- ..... .... ¿sí?

Respondí yo como si me hubieran pillado haciendo algo terrible. "Soy el controlador médico. Me envía su empresa."

Como os los estoy contando, resulta que mi adorable empresa, para una vez que me pongo malo en 4 meses, deciden mandarme a un controlador médico por si en realidad estuviera de fiesta fuera de casa o ejerciendo una segunda profesión no declarada en mi domicilio.

¿Cómo pueden ser tan chungos? Me enfadé tantísimo que les envié un e-mail recriminatorio del que me arrepentiré mañana. Me molesta la mala idea de que enviar a alguien mi segundo día de ausencia laboral cuando hay gente que falta misteriosamente cada domingo sin que les hayan enviado nunca a nadie. Me molesta y mucho.

Y luego el resto del día no ha ido a mejor tampoco... con el paso de las horas volvieron a intensificarse los dolores musculares, y volvieron los tormentos emocionales que tan pocos beneficios cuenta que traen mi madre.

Y es que no sólo es mi puerta la que tiene propiedades mágicas. Yo, sin ir más lejos, tengo la propiedad mágica de elegir siempre a las personas que más buenas me parecen y más daño me hacen. "No pasa nada", me repito. Cuanto más duele, más cerca está de curarse. O eso es lo que aprendí de toda una vida plagada de aftas bucales. Si me dejo llevar por eso, quizás hasta el cuello se me esté curando y yo sin darme cuenta.

10/3/13

No somos (de) nadie.

Perdido entre mis pensamientos mientras jugaba a devastar la tierra del enemigo en juegos de acción y estrategia online, me quedé pensando si realmente estamos igualmente convencidos cuando determinamos que no pertenecemos a nadie, que cuando nos dicen que nadie nos pertenece a nosotros.

La respuesta obviamente es no, y el que diga que sí o miente o puede que simplemente no esté diciendo la verdad... En cualquier caso el mérito está sencillamente en intentarlo. Intentarlo no sólo nos hará más felices sino también mejores personas.

¡Buenas noches!

7/3/13

Slow it down.

A estas alturas, quien haya leído aunque sólo sea por encima este blog sabrá ya que para mí es una terapia (de las que me puedo pagar). Nunca escribo cuando estoy maravillosamente bien, pero ojo, que tampoco lo suelo hacer cuando estoy terriblemente mal.


En definitiva, suelo coger el papel virtual cuando ya he identificado que algo va mal, y cuando creo saber qué hacer para arreglarlo. Viendo por encima el número de entradas anuales en la columna de la izquierda, podemos ver que 2006 debió ser un año terrible (con 106 lamentos o vetetúasaberqués) , seguido de 2010 (79) o 2009 (73). En la misma columna podemos adivinar que 2012 fue el mejor año de todos (1 triste y solitario loquesea) y que 2008 también debió estar muy bien (13).

Creedme cuando digo que esto no es así de manera premeditada. Me encantaría escribir más cuando soy muy feliz porque siempre he visto esta página como un recuerdo que algún día, cuando sea mayor y feliz, vendré a leer sin nostalgia. Hasta ahora, como la mayoría de mis proyectos, no está teniendo nada que ver con aquella noble intención, pero como a veces ocurre, podría ser un recuerdo igualmente válido, o la inspiración para millones de niños que evitarán cometer los errores que cometí y vine a contar. Bueno vale, no. Pero si alguno de esos niños llegara aquí por error, dejadme que os de un consejo. A lo largo de vuestra larga vida (en el mejor de los casos) tendréis que tomar cientos de decisiones. A veces estaréis equivocados, y a veces acertaréis, pero nunca, y repito: NUNCA, jamás andéis con medias tintas. De apostar y ganar se aprende muchísimo, y de apostar y perder más aún, pero nada hay más vacío que la sensación de haber apostado lo mismo al negro que al rojo y haberte quedado tal cual.


Y ahora que los niños y yo hemos aprendido la lección, os cuento un poco de mi vida actual en Roma. Porque así es, vivo en Roma una vez más. Aún recuerdo cómo salí de aquí cabalgando a toda prisa por la Porta di San Sebastiano, con mis gastadas vestiduras injuriando, y a la vez perjurando que jamás volverían a verme ni a mí ni a mi corcel por estas tierras.

Pues manteniendo mi promesa estaba cuando, de repente, mi empresa decide que ya está bien, que se acabó el disfrutar de los largos días de verano, de esas amistades tan chulas, de ese loft tan molón, del tomate frito, la veloz conexión a internet, la piscina en el patio, o de esos precios tan comedidamente razonables. ¡Habrase visto semejante desfachatez!

Y así fue como nos mandaron a todos a destinos europeos varios, y como por aquel entonces aún me regía por la política de "más vale malo conocido..." (que, según he podido saber por los compañeros, fue un acierto) elegí volver a Roma. Y debo decir que gracias a la recién incorporada política de nomearrepientodetodoloquehago en esta ocasión está siendo una experiencia, en líneas generales, más satisfactoria que en la anterior. Además, dejé el corcel en España y me traje un coche, que me parecía demasiado telenovelesco volver en él.

¡Y tengo muchas cosas que contaros sobre los italianos que la anterior vez no me dio tiempo a conocer! Claro, que aquello fue prácticamente un visto y no visto... pero no lo haré hoy, que no quiero extenderme tanto como para que nadie llegue a finalizar tan amena lectura.

Y por último, y porque mis entregas no son entregas si no hay canción, quiero dedicarle ésta, que tantos y tantos buenos recuerdos me trae del pasado, a un ser querido al que, por motivos x que no estoy seguro de comprender (ni deben importarme), tengo que dejar marchar de algún modo. ¡Te quise y quiero!

6/3/13

Ci vediamo!

[Escrito originalmente el 26 de noviembre de 2012, y ocultado en borradores hasta hoy]

Tenían razón todos aquellos que me avisaron: "¡¡¡El mes de noviembre se te pasará volando!!!" Y así fue, 26 de noviembre de 2012, y mi segunda etapa en Madrid da sus últimos coletazos entre cajas llenas, estanterías vacías y maletas de ropa, sentimientos y recuerdos a medio hacer.


Pobre de mí lo que me ha costado esta mudanza. Si llega a ser por mí empiezo a solucionarlo todo a 5 minutos de tener que dejar las llaves, porque si bien es cierto que toda mudanza es un trastorno, no será que a eso no esté yo acostumbrado... pero sí es bien cierto que pocas veces tuve tan pocas ganas o motivaciones para irme de aquí.

Puedo decir sin haber dudado ni un momento que ésta ha sido una de las etapas más estables y felices que recuerde. Sin duda muy feliz pero, sobre todo, estable. Jamás había durado tanto en un trabajo (2 años y 10 meses y sumando) ni tampoco había vivido tanto tiempo en una misma casa desde que me independicé. Nunca había dormido tan bien por las noches, ni había tenido unos amigos que me complementasen a mí (así como yo a ellos) de una manera tan equilibrada.

Se van este mes 3 de los mejores años de mi etapa adulta, en la que aprendí mucho de la vida. Aprendí que las cosas que ocurrían en Al salir de clase también ocurren en la realidad, y que los amigos realmente podían ser tan importantes o más de lo que nos hacían creer en Compañeros. Aprendí que las nuevas generaciones no me gustan, así como a mis padres no les gustaba la mía, o como a mis abuelos no les gustaban la de mis padres, ni la mía, ni la que no me gusta a mí.

Y ahora, mientras escribo todo esto, hay un montón de cajas con unas etiquetas que ponen bien grande ITALIA en el salón, esperando que de algún modo me las apañe para que las lleve conmigo a un futuro que, sin asustarme, me intimida. No me asusta porque ya he pasado por esto antes, aunque temo que Roma no estará a la altura de lo que he vivido en Madrid, pero... si algo me enseñó esta etapa de la que ahora me despido, es que todos estos logros y momentos memorables habrían sido imposibles si no hubiera empezado con un "¿echar el currículum en easyJet? psé, por qué no".

Muchas gracias a todos por haberme acompañado.

再见!

En Madrid no se quiere

[Escrito originalmente entre 2011 y 2012. Nunca publicado hasta hoy]

Hablaba con Israel de que en Madrid la gente está muy acostumbrada a descartar a otra gente como juguetes viejos a la primera de cambio. Y tampoco estoy seguro de si debo usar esa expresión, porque yo lloraba cuando se rompían mis juguetes viejos.

Lo mismo mi sentimiento de apego hacia todo lo que ha compartido parte de su/mi vida es lo poco común en la sociedad.



Sentado en Sol ves pasar a cientos de personas en pocos minutos, van y vienen como las luces blancas y rojas de los coches. Muchos son turistas, muchos son de aquí, pero la gente no para de moverse. Creo que en las ciudades tan grandes se tiene la sensación de no necesitar mantener a la gente en nuestra vida, porque cuando ya no estén aparecerá otra persona a ocupar su lugar. Quizás vivamos en un mundo tan capitalista en el que el cariño, el amor o el sexo sean un producto de consumo más.

Veo algo parecido al efecto de trabajar en una pastelería y no disfrutar de los pasteles, o haber nacido junto a la playa, y no entender la importancia que tiene ver el mar para quien no lo vio nunca.

A eso me refiero cuando digo que en Madrid no se quiere. A que aquí no se quiere de verdad... siempre hay algún motivo detrás de cada relación que mantiene la gente. Quizás sea algún tipo de sentido práctico de ver la vida, pero querer por tradición, aparte de tener su lado difícil, tiene su lado bonito, y es incluso mayor que el anterior.

- ¿Por qué me quieres?
- Te quiero porque te quiero

Creo que la última vez que contesté eso se tomó bastante mal. La gente busca un motivo para que la quieras, y no vale un simple "porque te quiero" o un "me gusta estar a tu lado porque me gusta estar a tu lado". Tengo que quererte porque has hecho esto o lo otro por mí, y has de gustarme porque cumples estos tres requisitos que yo andaba buscando como un imbécil.

No es que me encante no encontrar motivos para querer a la gente, es que el único modelo de vida que me gusta incluye el no tener que buscarlos.

Lo que para mí es hacer la vida más fácil, quizás en esta ciudad, o en este mundo, es complicarse de más.

19/4/12

Anotaciones del margen

Ya llevo más de dos años viviendo en Madrid.


Madrid es una ciudad enorme. Para vosotros, los que me leéis desde fuera para ver de tanto en tanto cómo me va la vida, esta ciudad es lo suficientemente grande para que nunca te falte un concierto al que ir, una exposición que ver, o una nueva obra de teatro de la que disfrutar (quien pueda pagarlas), y también es lo suficientemente grande como para que la mayoría de las relaciones humanas carezcan de humanidad, y se limiten a ser meros instrumentos para conseguir algo. El pan en la panadería, las indicaciones para llegar al museo, o sexo esporádico.

No sé por qué siempre tiendo a analizar Madrid desde un punto de vista sociológico. En parte quizás sea lo que más me llama la atención de aquí, por ser uno de los puntos en los que mayores contrastes encuentro. Contrastes con el pueblo en el que me crié.

También analizo de manera individual cada una de las nuevas relaciones que establezco, y voy haciendo anotaciones sobre cada una de ellas en el margen derecho de mi memoria. Recuerdo que hace mucho tiempo hablé sobre la curva del interés, que representaba gráficamente la fugacidad del interés que muestran unas personas por otras en general. Pues aquí en Madrid parece mucho más acentuada.

Pido disculpas por explicar lo que veo como si yo estuviese excluido de todo pecado, pero la realidad es que jamás he sabido analizar mi propio comportamiento. En cualquier caso aclaro ser consciente de que soy tan susceptible como cualquiera de caer en los comportamientos que poco me gustan e incluso sorprenden en los demás. Probablemente soy tan humano como todos los demás, sin poder sentir que lo soy.

El otro día, repasando las anotaciones mentales sobre mis relaciones del día a día, me preguntaba por qué no se aceptaba coloquialmente la palabra "humano" como insulto. Realmente somos personas llenas de imperfecciones, tanto a nivel físico como espiritual. Tenemos gran capacidad de hacer el bien, que a menudo invertimos para hacer el mal. Como sociedad somos mezquinos, crueles e insensibles, y como individuos egoístas. Fundamentalmente egoístas.

En este repaso de anotaciones me detuve un momento al ver que, entre tanto apunte en rojo había un párrafo enorme escrito en verde, sobre todas las virtudes que encontré una vez en uno de esos humanos que te hacen conservar la esperanza. Que te devuelven el brillo que perdió tu mirada. Que te dicen que el mundo no debería detenerse esta noche.

"Su alma es generosa. No se trata de dar cosas materiales, ni tan siquiera de favores supérfluos, sino de dar felicidad a cambio de nada. Sin límite. Sin duda uno de los retos más difíciles para nosotros los humanos, pero a él le sale con enorme facilidad. 
Es inocente: no sólo por no haber matado a nadie. Ves la inocencia en sus ojos. Las miradas que encuentro casi siempre están opacadas; casi no te dejan ver lo que hay dentro porque las almas, como las aguas de los ríos, se enturbian, pero sus ojos nunca mienten. 
Cada gesto es sincero: nunca he notado el más mínimo esfuerzo en ninguno de sus actos, por difíciles o agotadores que resultaran..."

Y de repente me volví a sentir feliz de estar vivo. De compartir con él lo que la vida nos deje compartir, durante lo que la vida quiera que lo compartamos. Me sentí estúpido por haber querido controlar las dosis de lo que no es cuantificable y no se podía controlar, pero sobre todas las cosas, me sentí afortunado por haberle encontrado de entre las millones de miradas opacas que vi en Madrid.

Feliz cumpleaños Diego.

29/12/11

Lecciones trascendentales.

[Escrito el 29/12/2011, y mantenido oculto durante tiempo indeterminado sin saber el motivo]

Antes de ayer tenía reserva por la mañana. Me gusta pensar en las reservas como días libres porque si piensas en que en cualquier momento podrían llamarte para ir a trabajar a Diossabedónde, viviría colgado de Valerianas.

La cuestión es que este martes en concreto no hubo suerte, y a las 4:05 sonó el teléfono. No son horas para que suene el teléfono. No son horas para que suene nada. Ni el pedo de una mosca debiera sonar antes de las 9 de la mañana.

Como tenía que estar en el aeropuerto a las 6, no pude volver a dormirme, pero sí dediqué como media hora que me sobraba antes de comenzar a prepararme, para pensar y comenzar a divagar sobre cuán difíciles son algunas cosas cotidianas de la vida. Sin embargo, y pese a que levantarse a las 4:35 de la madrugada no es nada placentero, llegué a la conclusión de que las dificultades más grandes que nos encontramos no pasan por lo cotidiano. La vida nos va dando lecciones a lo largo de todo nuestro recorrido, y algunas nos impactan de forma permanente.


Yo suelo aprender las lecciones muy bien, pero con cierto retraso respecto al común de los mortales. Recuerdo con especial ternura el día en que descubrí que al dejar un diente bajo la almohada aparecían 500 pesetas por la mañana. Si hiciera un inciso tendría que mencionar que siempre me pareció espeluznante que un ratón comprara dientes de contrabando colándose en la habitación de los niños mientras duermen, pero será mejor no hacer incisos, que ame desvío con facilidad.

Relacionado con lo anterior, recuerdo con especial intensidad el día que descubrí que el Ratoncito Pérez eran los padres. Fue como lanzar la primera pieza de un circuito de dominó. Luego descubrí que Papá Noel también eran los padres. Y que los reyes... bueno, y que los reyes sí que existían, pero ellos no daban dinero y regalos sino que vivían del dinero de Papá Noel, el Ratoncito Pérez, y el Olentzero todos juntos.

También recuerdo que cuando me fui haciendo mayor, me traumatizó especialmente que el Ratoncito Pérez, Papá Noel y el Olentzero se iban haciendo viejos, y para pagar sus pensiones a mí no me quitaban las 500 pesetas (o 3 euros) que solían dejarme años atrás, sino que me cogían prestada una parte generosa de los 250€ al mes que solían retenerme los amigos de Hacienda.

Ya estaba muy claro... hacerse mayor no era nada sencillo, pero pese a todo lo anterior, encontrar respuestas no es siempre lo más duro que nos puede ocurrir, incluso si las respuestas desencajan todo ese mundo que tu propia mente creó. En mi caso particular, el mayor de los problemas estuvo siempre en no encontrar las respuestas a las preguntas más sencillas. ¿Por qué estamos vivos? ¿cuál es nuestro papel?

Y lo que es más difícil aún... asumir que estos planteamientos te acompañarán toda tu vida y aceptar con resignación que, probablemente, jamás encontrarás una respuesta. Al final, es esta resignación la que te hace ver con buenos ojos todos aquellos tiempos en los que había una respuesta para todo, incluso para los misterios más grandes de tu universo, como el comprender que un gordo barbudo se pueda colar en tu casa sin ni tan siquiera tener chimenea.

P.D: Feliz Navidad.