29/12/11

Lecciones trascendentales.

[Escrito el 29/12/2011, y mantenido oculto durante tiempo indeterminado sin saber el motivo]

Antes de ayer tenía reserva por la mañana. Me gusta pensar en las reservas como días libres porque si piensas en que en cualquier momento podrían llamarte para ir a trabajar a Diossabedónde, viviría colgado de Valerianas.

La cuestión es que este martes en concreto no hubo suerte, y a las 4:05 sonó el teléfono. No son horas para que suene el teléfono. No son horas para que suene nada. Ni el pedo de una mosca debiera sonar antes de las 9 de la mañana.

Como tenía que estar en el aeropuerto a las 6, no pude volver a dormirme, pero sí dediqué como media hora que me sobraba antes de comenzar a prepararme, para pensar y comenzar a divagar sobre cuán difíciles son algunas cosas cotidianas de la vida. Sin embargo, y pese a que levantarse a las 4:35 de la madrugada no es nada placentero, llegué a la conclusión de que las dificultades más grandes que nos encontramos no pasan por lo cotidiano. La vida nos va dando lecciones a lo largo de todo nuestro recorrido, y algunas nos impactan de forma permanente.


Yo suelo aprender las lecciones muy bien, pero con cierto retraso respecto al común de los mortales. Recuerdo con especial ternura el día en que descubrí que al dejar un diente bajo la almohada aparecían 500 pesetas por la mañana. Si hiciera un inciso tendría que mencionar que siempre me pareció espeluznante que un ratón comprara dientes de contrabando colándose en la habitación de los niños mientras duermen, pero será mejor no hacer incisos, que ame desvío con facilidad.

Relacionado con lo anterior, recuerdo con especial intensidad el día que descubrí que el Ratoncito Pérez eran los padres. Fue como lanzar la primera pieza de un circuito de dominó. Luego descubrí que Papá Noel también eran los padres. Y que los reyes... bueno, y que los reyes sí que existían, pero ellos no daban dinero y regalos sino que vivían del dinero de Papá Noel, el Ratoncito Pérez, y el Olentzero todos juntos.

También recuerdo que cuando me fui haciendo mayor, me traumatizó especialmente que el Ratoncito Pérez, Papá Noel y el Olentzero se iban haciendo viejos, y para pagar sus pensiones a mí no me quitaban las 500 pesetas (o 3 euros) que solían dejarme años atrás, sino que me cogían prestada una parte generosa de los 250€ al mes que solían retenerme los amigos de Hacienda.

Ya estaba muy claro... hacerse mayor no era nada sencillo, pero pese a todo lo anterior, encontrar respuestas no es siempre lo más duro que nos puede ocurrir, incluso si las respuestas desencajan todo ese mundo que tu propia mente creó. En mi caso particular, el mayor de los problemas estuvo siempre en no encontrar las respuestas a las preguntas más sencillas. ¿Por qué estamos vivos? ¿cuál es nuestro papel?

Y lo que es más difícil aún... asumir que estos planteamientos te acompañarán toda tu vida y aceptar con resignación que, probablemente, jamás encontrarás una respuesta. Al final, es esta resignación la que te hace ver con buenos ojos todos aquellos tiempos en los que había una respuesta para todo, incluso para los misterios más grandes de tu universo, como el comprender que un gordo barbudo se pueda colar en tu casa sin ni tan siquiera tener chimenea.

P.D: Feliz Navidad.

27/9/11

Cumpleaños feliz.

Podría decir un millón de cosas de mi cumpleaños gitano (lo llamamos así porque duró 3 días y 2 noches) pero lo que tengo clarísimo es que debo empezar dando las gracias a todos por haberlo hecho posible.

Hacía muchos años que no me sentía en un grupo de amigos tan abierto, divertido y entrañable. Cuando por algo te sientes afortunado lo mejor es compartirlo, y desear que los demás se sientan igual.

Y ahora os cuento brevemente lo que fue este fin de semana frenético. El sábado Cora y yo nos despertamos medianamente pronto. Eloi, que tenía reserva en el aeropuerto vino a casa nada más terminar. Tiene mérito su caso especialmente, porque se levantó a las 4 de la madrugada y no volvió a dormir hasta las 4 del día siguiente para darlo todo en mi cumpleaños (un abrazo para él).

Después de picar algo en casa, nos fuimos al parque de atracciones para reunirnos con Diego, Raquel y Yanyan que fueron cada uno por su cuenta. Nos costó muchísimo aparcar; no había visto tanta gente en el parque de atracciones en mi vida, y yo voy mucho. Era como si regalaran chalets en Las Rozas y nosotros fuéramos los únicos que no lo sabíamos.

Quitando el detalle de la masificación, entramos al parque y fue sentirme un poco menos viejo. Colores, peluches gigantes, gritos aquí y allá, algodón de azúcar, niños pequeños, niños grandes... aquello es genial. Cada vez estoy más contendo de haber comprado mi bonoparques para poder ir siempre que quiera.

Hicimos un millón trescientas cuarenta y cinco mil doscientas doce fotos en el parque. No las voy a poner todas, pero os dejo un par.




Sin duda lo pasamos genial, pero de todo el material audiovisual capturado en ese parque, lo major de lo mejor es sin duda el siguiente vídeo, que muestra el pánico de Yanyan mezclado con el descojone popular cuando montamos en la máquina. No tiene desperdicio (y no, no están matando a ningún cerdo).


Cuando cayó el sol nos fuimos a casa de Eloi a cenar, y tomar un par de copas en preparación para salir luego. Jamás había visto Long Play tan vacío como el sábado. Según Yanyan estaba así porque era mi cumpleaños. Quizás se refería a que parecía que hubieran reservado las dos pistas para mí y que por ese motivo no había nadie. A saber.

La noche del domingo, volvimos a reunirnos todos (exceptuando Raquel, que la pobre trabajaba) y por la noche, coincidiendo con mi cumpleaños de verdad, los chicos sacaron una tarta a las 00:00, me cantaron el cumpleaños feliz y me dieron muchos regalitos... Mario Kart, Jardín Zen, Lucky Cat, Black Stories, calzoncillos con bigotes, y yo me autoregalé el Risk para ver si me peleaba con todos ellos. Jugamos a la consola, al Risk, y dormimos todos en casa. Fueron días muy intensos que describo aquí para poder recordarlos siempre. ¡Un millón de gracias!


13/9/11

Carta de disculpa hacia todos los pasajeros.

Al público viajero en general: LO SENTIMOS.

Lo sentimos por no tener almohadas.
Lo sentimos por no tener mantas.
Sentimos mucho que haga frío en el avión.
Sentimos mucho que haga calor en el avión.
Sentimos que los compartimentos superiores estén llenos.
Sentimos no tener armarios empotrados para tu descomunal equipaje.
Sentimos que ese no sea el asiento que querías.
Sentimos que junto a ti se haya sentado ese niño pequeño/gordo/maloliente pasajero.
Sentimos que el avión vaya lleno y no haya otros asientos disponibles.
Sentimos que no hayas conseguido que te cambien a primera clase.
Sentimos que ese hombre te haga sentir incómodo porque parece un terrorista.
Lo sentimos por esta tormenta que nos impide despegar.
Sentimos no saber cuándo parará.
Sentimos que estés atrapado en un espacio tan reducido que, si fueras un animal, PETA protestaría.
Sentimos que nuestro avión no esté equipado con sistemas de entretenimiento de música y vídeo para tu vuelo de 3 horas.
Sentimos habernos quedado sin tu refresco favorito.
Sentimos que ya no queden sandwiches.
Sentimos que la cerveza cueste 5€.
Sentimos no tener pañales para tu bebé.
Sentimos no tener leche para el mismo bebé.
Sentimos que no puedas apoyarte en la puerta de la cabina del piloto mientras esperas para ir al baño.
Sentimos que tengas que sentarte y abrocharte el cinturón de seguridad.
Sentimos que tengas que poner tu asiento en posición vertical para aterrizar.
Sentimos no saber cuándo vamos a aterrizar.
Sentimos no saber si tu avión a (sustituir por cualquier ciudad del mundo) estará esperándote cuando aterricemos.
Sentimos que hayamos aterrizado en otro aeropuerto porque nos quedábamos sin gasolina esperando a aterrizar.
Lo sentimos por todas estas y muchas otras cosas sobre las que no tenemos absolutamente ningún control pero sobre las cuales se nos responsabiliza CADA DÍA.

Por favor, comprended. Los azafat@s no son el enemigo. Compartimos vuestro espacio. Más que nadie, queremos tener una agradable y placentera experiencia de viaje.

Hay una razón por cada cosas que te pedimos que hagas. Puede ser una directiva de la CAA (Auridad de Aviación Civil). Puede estar relacionado con la seguridad, o puede ser un procedimiento de la compañía. No nos inventamos simplemente las cosas. Tampoco pasamos 8 semanas en la academia de vuelo para aprender cómo verter una Coca-cola; hay multitud de cosas a las que los auxiliares de vuelo prestan atención constantemente en cada vuelo POR TU SEGURIDAD. No es simplemente porque estemos aburridos o seamos tan controladores que disfrutemos de decirle a la gente qué hacer.

Me gustaría, por una vez, tener un vuelo en el que no tuviera que repetir a la gente que pusiera sus respaldos en posición vertical para aterrizar. De verdad. ¿Podrías sencillamente hacer lo que te pedimos alguna vez?... ¿Sin las miraditas, giros de ojo y desdén? Para que quede constancia, poner el respaldo en posición vertical puede no ser importante para tu seguridad personal; sin embargo, es muy importante para la persona que se sienta DETRÁS TUYO. Si alguna vez has intentado salir de una fila en la que alguien tenía el respaldo reclinado sabes que puede ser un desafío. Ahora trata de agarrarte los tobillos (posición de emergencia) o salir de esa fila rapidamente y con humo en la cabina. ¿Se entiende un poco mejor ahora?

Muchas otras cosas que pedimos a los pasajeros es para cumplir con la normativa de Aviación Civil. Como por ejemplo los requerimientos del equipaje en salidas de emergencia. Cuándo podemos (y cuando no) servir bebidas. Sólo se nos permite movernos por la cabina durante la rodadura a pista por actividades relacionadas con la seguridad. No podemos coger tu abrigo, o llevarte un refresco. No es que no queramos, es que somos personalmente responsables si fallamos en cumplir con la normativa de Aviación Civil. Esto significa que podemos ser multados con hasta 8.000€ si no cumplimos o hacemos cumplir dichas directivas.

Como que no haya bolsos en las mamparas. Que no haya niños en las salidas de emergencia. Nadie moviéndose por la cabina durante el rodaje. Quizás ahora ya sabes por qué los auxiliares de vuelo se irritan un poco cuando la gente camina por la cabina cuando no deben. No es la compañía la que se mete en problemas por eso, somos nosotros.

Personalmente, me gustaría que las aerolíneas mostraran vídeos de los peores escenarios posibles en un avión. Como qué pasa si caminas por la cabina durante las turbulencias. Podría ser un chico que se cae y se da con la cara en un reposabrazos metálico y ahora tiene una nariz rota. O una señora mayor que ahora tiene un brazo roto porque alguien que caminaba al baño se le cayó encima.

Por favor, simplemente créete que lo hacemos porque es lo mejor para ti, y deja de pelear con nosotros por cada cosa que te pedimos que hagas. Es agotador.

Finalmente, por favor, por favor... dirige tu hostilidad y frustración en la dirección que más efectiva resulte: el servicio de atención al cliente. Ellos son los que tienen las herramientas para manejar tu reclamación e implementar los procedimientos para el cambio.

Piensa en ello. Quejarte a la tripulación del vuelo sobre todo lo negativo de tu experiencia de viaje es parecido a quejarte al bedel de la oficina de que tu ordenador no funciona. Puede hacer que te sientas mejor el despotricar sobre ello, pero realmente no arreglarás nada. Más que nadie nosotros sabemos la falta de comodidades, comida, servicio y confort en el avión. Por favor, comparte tus molestias con las personas en sus cubículos en la empresa que necesitan esa información para tomar mejores decisiones para la experiencia del vuelo.

Es frustrante que mucha gente se niegue a ver que la industria aerea ha cambiado. Los gloriosos días de almohadas, mantas, revistas y comida caliente para todos hace tiempo que se marcharon. Nuestro trabajo es llevarte del punto A al punto B de manera segura al precio más económico posible para ti y para la empresa. Así que estáte preparado: si estás hambriento, consigue un sandwich antes de montar en el avión. Si es un vuelo de 3 horas, puedes prever que tendrás hambre a lo largo del vuelo y traer algunos snacks. Si eres propenso a pasar frío, trae algo con lo que taparte. Piensa en ti y adelántate a los acontecimientos. De lo contrario, no te quejes si tienes que pagar 3€ por una galleta o no tienes con qué taparte y tienes frío.

Oímos a menudo que el servicio ya no es lo que era. Bien, el servicio que nosotros proveemos ya no es el que era. Cuando se me contrató, mi labor principal era servir bebidas, comidas, y asegurarme de que los requerimientos de seguridad aérea estaban cubiertos y estar alerta por si alguna emergencia médica ocurría a bordo. Desde el 11-S mi principal trabajo es asegurarme de que la seguridad del avión no se vea comprometida por un terrorista. El 11S puede parecer distante ahora, pero os aseguro que con frecuencia, cuando un auxiliar de vuelo entra a trabajar recuerda aquel día. Sentimos la responsabilidad personal de que algo como aquello no se repita. No es cuestión de relajarse, y es difícil dejar de sospechar de las intenciones de algunos individuos.

Es difícil estar alerta y ser sociable al mismo tiempo. Especialmente cuando la mayoría de nosotros trabajamos 12 horas al día tras noches en hoteles que sólo nos permiten dormir 5 o 6 horas; no porque estuviéramos de fiesta la noche anterior, sino porque los retrasos que a ti te afectan como pasajero, nos afectan a nosotros como tripulación, por lo que ese descanso programado de 12 horas ahora se quedan en 10, que no te permiten recuperarte de lo que ha sido un día repleto de estrés.

A pesar de todo, seguimos disfrutando de nuestro trabajo. Si escribo esto es porque aún me preocupa mi profesión y la percepción que tiene el público de nosotros. Puedo estar un día entero sin que ninguna persona me diga nada remotamente civilizado. Estaré en la puerta del avión y diré hola a todo el mundo y quizás el 50% me devolverá la mirada, y aún menos contestarán al saludo. La mayoría de veces la única ocasión que tienes para conversar con un pasajero es cuando se está quejando.

Tras soportar largas jornadas sin que nadie te trate adecuadamente es difícil sonreír, y aún más interactuar con la gente sin miedo a una mala contestación. Somos humanos. Apreciamos el mismo respecto y cortesía que cualquier pasajero espera.

La próxima vez que vueles, intenta tratar a los auxiliares de vuelo de la forma que a ti te gustaría ser tratado. Podría sorprenderte lo amigable que es tu tripulación cuando les tratas como a personas normales.

Autor desconocido.

15/8/11

Día 1

Son las 00.59 del lunes.

Estoy sentado en la terraza del cuarto de arriba con Adriana mientras el resto de la casa sigue en silencio. Nosotros también guardamos silencio.

Yo le dedico un rato a este blog en mi iPad mientras Adriana lee una novela policiaca llamada Rex Stout de la que jamás oí hablar. Sin embargo, ella parece estar disfrutando con la lectura.


Yo estoy bastante feliz. Cada vez que vengo a Málaga a estar con los míos yo sé que lo peor de todo será volver, y no porque no sepa estar solo, sino porque en Madrid soy tan sólo una pieza de un puzzle que es gris en su totalidad.

Cumplo mi función en mi trabajo, encajo en un grupo de amigos de adopción, a los que quiero mucho, pero sigo sintiendo que yo soy un amigo circunstancial, no uno de esos amigos de años a los que simplemente se quiere porque sí.

Adoro que la gente se quiera porque sí. Siempre que pienso en esto me vuelven a la mente las discusiones de '¿por qué me quieres?' que he mantenido con mucha gente a lo largo de estos años. Te quiero porque es lo que siento, y punto; y aquí se me quiere porque se me quiere, y ya.

Jamás podré comprender a los racionalizadores de sentimientos. Es como intentar convertir la fe en ciencia. O como convertir las relaciones humanas en formulas matemáticas que ni ellos sabrían entender, y en eso se convierte mi vida al volver a la capital.

Un cúmulo de fórmulas muy exactas en las que si falto un día a trabajar me echan, si digo algo en tono incorrecto a Eloi se enfada, si no pago la tarjeta puntualmente, no tardo en recibir una amenaza judicial, y si le regalo un móvil a un amigo me dará las gracias de manera protocolaria.

No estoy diciendo que algo de lo anterior no sea normal, pero la realidad es que allí todo lo que tengo es racional, es matemático y exacto, y casi todo carece de calidez humana.

Sé que ya os hablé de este sentimiento en una ocasión, pero hoy necesitaba desahogarme un poquito.

Supongo que muchos son los cambios que tengo que hacer en el rumbo de mi vida, y de ahí que hayamos vuelto al día 1. Lo importante no es ver que las cosas están mal, sino que queden fuerzas para querer cambarlo. Al fin al cabo soy yo quien tiene que controlar mi vida y no mi vida a mí.

Y ahora, si me disculpáis seguiré disfrutando del fresquito, de observar a mi cuñada leyendo su libro, y aprovechar el idílico momento para organizar, aunque sea mentalmente, lo que espero de mi vida.

Ubicación:Málaga,España

19/7/11

Día 123

Anoche, al igual que me ocurre a mí hoy, no podía dormir. Menos mal que se quedó Diego a dormir en casa, porque siempre que no puedo dormir, prefiero tener a alguien a quien molestar. No hacía calor, pero simplemente no había ni un ápice de sueño al que agarrarnos. Probamos de todo, película malísima, jugar al tiny wings hasta gastar las yemas de los dedos, cerrar los ojos, abrir los ojos, cerrar los ojos... hasta que probamos lo que no suele fallar. Hablar.


Le conté a Diego que el otro día me pasó algo parecido, y que, para intentar atraer al sueño, me puse a calcular cuántos kilómetros habría recorrido, tanto trabajando como viajando por ocio. Tras gastar media hora de mi vida, me salió como resultado la friolera de 2.370.000 KM.

Como no se quedó dormido, ni yo tampoco, le pregunté que a qué distancia estaba la luna, aprovechando que él es de ciencias. Me dijo que no lo tenía claro, pero que creía que sería 1 año luz, más o menos. Y teniendo en cuenta el rigor científico de toda la conversación, se podría decir que 'más o menos' tenía razón. Tras una pequeña búsqueda en google, descubrimos que sólo se equivocó por:


Kilómetros. Ahí es nada. Nos separan de la luna, de media, 384.400KM. Entonces empecé a decirle que me parecía una pérdida de tiempo haber recorrido 2.370.000KM sin haber salido de la tierra, que podría haber ido y vuelto de la luna 3 veces, y una de las veces lo habría llenado todo de rosas.

- Entonces la luna se vería rosa, ¿no?

Desde ese momento entendí que para divagar sería mejor hacerlo solo. Luego intenté llevar la conversación por otro lado. Ya que él estudia teleco, pensé hacer preguntas que sí podría responder.

- Diego, ¿cómo funciona la radio?.

- No sé.

- Buenas noches, Diego.

6/7/11

Día 110

Me he borrado la cuenta de Facebook. Realmente nunca la terminé de entender, y personalmente no me sirvió para expandir mis amistades, sino para mantener una falsa etiqueta de amistad con gente de la que no quiero saber nada, gente que no quiere saber nada de mí, y que después de 2 años sin llamar te piden por Facebook chat billetes de avión económicos. Bueno, sirvió para eso y para perder muchos minutos años atrás recolectando tomates virtuales.


Como estoy en contra de las amistades por contrato (tipo 'soy tu amigo porque tú eres mi amigo') he puesto fin por lo sano a un perfil que nunca me terminó de gustar. He pensado que volveré a la vieja escuela de llamar amigos a quienes son mis amigos aunque no les tenga en facebook, ni en Google+, ni en twitter.

Estoy a favor de redes sociales como twitter y Google+ porque no existen las amistades por contrato. Si alguien te gusta compartes tus cosas, si a ellos les interesa las leen. Si no, nadie recibe ningún mensaje por activa o por pasiva de que pepito ya no es tu amigo, o que menganito ya no quiere saber lo que has hecho hoy. A mí me interesa menganito porque me divierte, me entretiene, o estoy secretamente enamorado de él. Sin compromisos.

Me parece bien que la gente no se comprometa porque no se puede comprometer. Cuando lo hacen sólo es un paso previo a una gran decepción. A mí la gente ya raramente me decepciona porque, incluso aunque se comprometan, sé cómo son los compromisos de la gente.

La vida tampoco me está tratando demasiado bien últimamente. La muerte y las enfermedades me están cercando de uno u otro lado. Intento convencerme de que la vida es así, de que estas cosas simplemente pasan porque es lo natural, y lucho para no creer que la vida es mucho más fácil no vivirla. Quizás lo vería diferente si junto a las pálidas noticias surgieran brotes de esperanza o luz, pero no es el caso.

Para rematar, los turnos de estos días han sido bastante infernales, no recuerdo el último día que probé un plato de comida que no fuera una rosca de jamón de Mercadona, y charlar más de 5 minutos con Diego desde que se fue a Logroño es algo así como misión imposible. Tampoco es que tenga nada alegre que contar, pero bueno, mola pensar que la gente está "cerca" incluso cuando no está cerca. Yanyan está tonta, como siempre.

Desde luego, conocer gente en Madrid tampoco es tarea fácil. Creo que es porque todo el mundo está loco. O estoy loco yo y todos ellos son normales, pero para el caso es lo mismo. Aunque probablemente el motivo real es que conocer gente me duele, en gran parte, porque me doy cuenta de cuánto echo de menos a mi perro.

25/6/11

Día 99

Hay días que tengo mis propios bajones emocionales, y otros en los que están inducidos por algo. O alguien. Yanyan tiende a no comprender que hay temas que es mejor no tocar, y se ha pasado una semana intentando que yo vaya al concierto de My Chemical Romance. Y mientras ellos cantan Helena en la complutense, yo he venido a desahogarme aquí.


Por supuesto que no tengo nada contra MCR, pero hay cosas del pasado que, por muy pasado que esté, prefiero dejar en el baúl que escondo en el desván de mi corazón. Con algunos recuerdos pasa como con ciertos objetos; sabemos que no necesitamos volver a verlos pero son lo suficientemente importantes como para no tirarlos.

Sí, mi corazón tiene un desván. Un lugar pequeñito donde guardo canciones aún más pequeñitas, pero inmensamente valiosas. Microscópicas botellitas que sin embargo guardan, entre todas ellas, la esencia completa de mi vida entera. Cada botellita, aparte de una canción, guarda un aroma y un momento.

La botellita que Yanyan me obligó a abrir guarda la esencia del momento en que me independicé, en el que tuve mi primera pareja (a la que he querido muchísimo) y mi primer trabajo estable. Pero sobre todo es a Jorge a quien invocó con su insistencia. Descubrí a My Chemical Romance cuando era un retoño, a través de un concurso que hizo por aquel entonces en su -hoy difunto- blog.

Aún recuerdo cómo lo amañó para que ganara yo, y ganara la entrada del concierto de Evanescene para la que él también tenía una. Fue, visto en retrospectiva, lo más romántico que nadie haya hecho por mí. Durante la relación le dije mil veces: "sé que cuando sea mayor te echaré de menos como nunca eché de menos". Y hoy sé que, pese a todo lo que le puedo echar de menos, le echaré mil veces más de menos de aquí a 5 años. No hablo de sentimientos superficiales como los que sienten las parejas, sino de querer a personas por las personas que fueron y son.

Sí, aunque es poco convencional, conocí a mi primera pareja cinco años atrás, por este mismo blog al que hoy vengo a hablar de la esencia que quedó de todo aquello.

A ratos es triste pensar en cómo este rincón nos sobrevive a todos. Cómo sobrevive a muchas amistades, a muchas relaciones, a muchos recuerdos y a muchos sentimientos que ahora están en el baúl. Da especial yuyu pensar que me sobrevivirá a mí. Algunos pensarían que está guay que la gente que me recuerde pueda venir a recordar cómo pensaba o las chorradas sobre las que divagaba durante años, pero a mí me suena más a mensaje de ultratumba que nadie querría leer, que a melancólica visita.

En cualquier caso, probablemente la canción que he compartido hoy aquí, sea la que más esencia guarda de toda mi vida. Su botellita no sólo guarda la canción más bonita, el más largo de los momentos, ni un sinfin de aromas, sino que guarda las más felices y más tristes de todas mis lágrimas.

Y ahora, con vuestro permiso, vuelvo a ponerla en el baúl.

2/6/11

Día 76

El día ha empezado de lo más raro. Recibí un mail de uno de esos ex de los que hablaba hace poco. El receloso de las recetas, para ser concreto, del que lo último que supe fue que no debía intentar contactarle. El mail, sin embargo, lo único que decía era "Bonjour, coeur :)".

Por unos segundos pensaba que me había levantado un día cualquiera de junio de 2009, pero no, después de los tres primeros bostezos ya imaginé que había de ser otro Pablo, el auténtico destinatario.

Después salí de casa y no he vuelto hasta las tantas, pero en líneas generales ha sido un gran día. Comí en mi japonés preferido, merendé en mi Starbucks preferido, y cené en mi chino preferido con mis amigos preferidos. 3 de 3. Además, Apple me ha cambiado mi iPhone, que tenía un rallajo en la pantalla y a mí me cambian esas cosas, que para algo soy cliente VIP.

Vivir sin el iPhone es todo un reto cuando estás acostumbrado a vivir con él. Es tal la dependencia que imagino que tras un infarto, en lugar de llamar al 112 buscaré "iDesfibrilador" en la App Store. Sin el iPhone no sabes cuánto falta para que pase el bus, ni cuál es la mejor combinación de cercanías, ni el tiempo que va a hacer, ni qué piensa la lista Genius que deberías escuchar hoy.

Yanyan compró una cámara nueva para Suiza, porque parece mentira, pero pasado mañana ya nos vamos a Suiza. Parece mentira porque eso significa que ya hace un mes que fui a Berlín, y cuando quiera darme cuenta ya hará un mes que fuimos a Suiza. Aplicando el pensamiento positivo pensaré que lo recordaré mientras estoy a punto de irme a Punta Cana, y así sucesivamente.

Como decía, nos vamos a Ginebra del viernes al lunes, y seguro que nos hará muy buen tiempo, como siempre que hago un viaje.


Hoy, mientras cenaba con Kamil, Diego y Yanyan, y les observaba bajo los efectos de una sangría de cuyos ingredientes aún estamos dudando, y a pesar del pronóstico del tiempo en Suiza... he pensado que tengo suerte.


Now tell me what it is, it isn't fair
'cause Im wasting time, but it isnt my heart
it isnt my fault.
And every situation understands, well
The anecdote of chasing the location to your door,
Yeah yeah? da da?

'cause Im wasting time, now Im wasting money again
and all the cigarettes that I have never smoked.
And all the letters that I have never sent, da da?

And he was sitting by the swimming pool
But he was scared, cause it wasnt his time, it wasnt his chance.
Getting olders not been on my plans
But its never late, its never late enough for me to stay, da da?

'cause Im wasting time, now Im wasting money again
and all the cigarettes that I have never smoked.
And all the letters that I have never sent, da da?

27/5/11

Día 70

Siempre tiendo a hacer muchas gilipolleces con mis ex. Todo a raíz de que mi chip de memoria defectuoso deja todos los buenos momentos ahí clavados, y elimina todo aquello que causó que sean ex y no parejas en la actualidad. Maldito cerebro defectuoso.


Con gilipolleces me refiero básicamente a intentar mantener una amistad, un contacto, un detalle, enviarles una canción, felicitarles por el cumpleaños... y lo único que he conseguido, en el mejor de los casos, es alguna respuesta condescendiente; por tanto supongo que me sumaré a la teoría popular de que uno debe llevarse mal con sus ex-parejas, y dejaré el lameculismo para una ocasión en la que tenga algo más que ganar.

En cuanto a mi vida de actualidad, no puedo contar cosas muy alegres. Estoy enfermo, afónico, y un poco depresivo. Me hubiera gustado trabajar estos días para sentirme útil comprobando cinturones, sirviendo deliciosos cafés marca Starbucks, o señalando salidas de emergencia, pero este maldito estúpido estado catarral me lo ha impedido.

Voy a intentar pensar en positivo para atraer así la positividad. Tengo por delante 23 días de vacaciones, un viaje a Ginebra, uno a Málaga, muchos videojuegos por pasarme, comida de mamá, la odisea de reparar yo mismo mi iPhone, abrazar a Diego, abrazar a Yanyan, que me abrace mi mamá, hacerles reír, reírme de con ellos, y olvidarme de quién soy o de dónde vengo.

Y aquí se termina esta entrada. Volveré cuando haya atraído esa positividad a la que estoy intentando invocar.

23/5/11

Día MeImportaUnHuevo

Si no fuera porque no me apetece dramatizar hoy, diría que estoy al borde de la muerte. Vuelven los mocos, el dolor de cabeza, la falta de fuerza y el dolor de espalda.


Yo lo achaco a una semana muy dura y de gran estrés. Diego lo achaca a mi mala alimentación. Yanyan a que cogí frío, y mi madre a que no tomo fruta ni pescado (que es parecida a la versión de Diego).

Como la semana que viene se presenta igual que la anterior, he empezado a atacar todos los frentes posibles con Ibuprofeno, zumo de naranja, complejo vitamínico, protector gástrico, un plátano, zumo antioxidante de frutos rojos, pulpo en aceite, un jersey gordito y apagar la tele.

Lo de apagar la tele es cosa mía, para no aumentar el grado de estrés que me produce ver el tsunami de corrupción azul que se nos viene encima. Si antes este país ya era elcoñolabernarda, después de ver que ser corrupto tiene premio a saber lo que no hacen. Un día cogeré la M-40 y tendrá un cartelito de "Vendida".


Para completar la semana del terror, ayer se me rompió el iPhone, y por algunos jueguecitos que tuve con él resulta que actualmente no está en garantía. Eso significa tener que usar Android por, al menos, cuatro o cinco meses.

El mundo parece decidido con fuerza a castigarme por vetetúasaberqué, y yo me cago en el mundo una y otra vez. Por si fuera poco, para completar la extrañísima semana pasada, recibí un correo perturbador (y perturbado) de un ex-rollo cargado de teorías conspiranoicas que dejarían a las del 11-S como hechos contrastados.

Por todo lo anterior descrito, he pensado que dejaré de intervenir cuando crea que hago algo favorable al mundo hasta recibir, al menos, una buena señal del universo. Le doy 24h (pero a cambio estoy dispuesto a aceptar una coherencia de Belén Esteban como buena señal).

Actualización a las 22:20:

18/5/11

Día 61

Mira que voy poquito a trabajar, pero basta que vaya un día para que se tenga que liar.


Me levanté a las 5:10 para hacer una basura de turno. En teoría era así: turno de casi doce horas, consistente en ir a París, volver de París, ir a Tánger, y con un poco de suerte volver de allí.

La realidad, sin embargo, y como siempre pasa, no tuvo nada que ver. Llegué a París, nublado, como siempre, y puse mi cara de "son las 9 de la mañana" mientras despedía a las 140 almas que llevamos, y me preparé para poner mi cara de "son las 9:30 de la mañana y llevo 4 horas despierto" mientras recibía a los 150 inoportunos que querían volver a Madrid el lunes a las 10.

Inoportunos porque no tuvieron ninguna consideración con mis pocas ganas de trabajar, y segundo porque no tenían ni idea de lo que iba a durar el vuelo en realidad.

Una vez colocadas todas las maletas a presión en los compartimentos superiores, una vez sentados todos los inoportunos en sus respectivos asientos, y con todos sus iphones encendidos -está apagado, ¿no ves que si le doy al botón de arriba se apaga la pantalla?- despegamos sobre las 10:12.

20 segundos después, un sonido a filtración de líquidos recorría toda la cabina. Era desconcertante. Y sólo desconcertante hasta que, justo a mi espalda, en la cabina del piloto, comenzó a sonar un pípípípípípí. Fue entonces cuando pude poner en práctica la cara de "no pasa nada, todo esto es normal, pero que alguien me pase mis calzoncillos de repuesto".

De repente, dejamos de ascender, y el comandante llamó al sobrecargo a la cabina. Habíamos perdido uno de los sistemas hidráulicos, por lo que había que regresar a París. Declarada la emergencia al aeropuerto, se hizo un anuncio en inglés y español a los inoportunos explicándoles la avería muy por encima, y diciendo que aterrizaríamos en París nuevamente pasados unos minutos.

Tras ir al baño y cambiarme los calzoncillos de Wolverine por unos más serios, al nivel de las circunstancias, preparamos la cabina para un posible aterrizaje de emergencia.


Si debo ser franco, agradezco que no hubiera una emergencia, porque el 90% de los inoportunos eran franceses, y no entendían muy bien nada de lo que les decíamos. Prueba de ello es que tras 30 minutos de vuelo, momentos antes de aterrizar en París de nuevo, uno de los franceses sentados en primera fila exclamó: "¡Vaya, también está nublado en Madrid!".

La carcajada que me produjo era del todo oportuna, porque por unos segundos olvidé los riesgos y la seriedad y las formalidades.

Os cuento el final, que si no no tiene gracia: tres horas más tarde nos dieron otro avión que había por allí, volvimos a realizar el embarque, yo con mi cara de "son las 14:30 y quiero irme de París", y llegamos a Madrid sobre las 16:15. ¿Que qué pasó con el vuelo a Tánger?. Pues lo hizo otra gente, porque de lo contrario habría puesto yo mi cara de "me cago en vuestra puta madre" y la cosa no habría terminado bien.

Mañana repito turno. ¡Deseadme suerte!

15/5/11

Día 58

Vaya, parece ser que Blogger vuelve a funcionar, e incluso me ha devuelto mi última entrada.

He aprovechado este descanso en la publicación de entradas para dedicar mi tiempo a otras cosas (lúdicas y ociosas todas ellas). Llevo una vida totalmente similar a la de Carmen Lomana; es un no parar de salir, no trabajar, y comer en Burguer King.

También estamos dedicando muchas horas a sesiones de cine YY, SL y yo. Ayer, por ejemplo, tocó sesión de cine reciente con "Los 3 próximos días", en la que un padre de familia intenta recuperar la vida que la injusta justicia norteamericana le ha robado. Es la típica peli que no sabes si clasificarías de drama, acción o ciencia ficción.

También dedicamos algunas noches a ver cine del clásico. Bueno, de mi cine clásico. El miércoles pasado vimos Aladdin... ¡llevaba años queriendo volver a verla! Recuerdo que la última vez que la vi tendría unos 12 o 13 años y por aquel entonces Aladdín me parecía un ejemplo a seguir. Un chico de éxito que tenía un genio en una lámpara y además un enormísimo corazón por liberar al Genio con su último deseo.

Esta vez, síntoma de que ya debo ser una de esas aburridas personas mayores, me ha dejado flipado cómo Aladdín que de tan puro corazón presume, utiliza su primer deseo en convertirse en príncipe, cuando poco antes iba de buenecito salvando a un niño hambriento de un latigazo.

Pero vamos a ver, Aladdín... si hasta la peor de las Mises sabe que el primer deseo es "La paz en el mundo" y el segundo "Acabar con el hambre y la pobreza"...

Desde luego Disney en mis tiempos se saltaba toda la parafernalia de la corrección moral; monos cleptómanos, protagonistas egocéntricos que aspiran a ser poderosos príncipes o sultanes.... porque reconozcámoslo, después de ver Aladdín a cierta edad, uno se da cuenta de que nunca le interesó la princesa más que para sexo, hasta que descubre quién es y quiere ser Sultán.

Aún así sigue siendo un peliculón, gracias sobre todo a la magia que derrocha el Genio en todas sus intervenciones.

Y hablando con Diego de cine, llegamos de algún modo a 500 days of Summer. Le decía que lo peor de esa película es que es real como la vida misma. Y de algún modo también es lo mejor. Recuerdo con especial tristeza esta escena en la que Tom acude a la fiesta de Summer, con la ilusión de que en esta ocasión, la realidad estará a la altura de sus expectativas.


¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

Supongo que en la vida real pasa justo al contrario que en las películas. Mientras en el mundo del cine es raro encontrar una película que acabe mal, en el mundo real es difícil tener un final feliz.

11/5/11

Día 54

Llevo varios días evitando llamar al casero. Principalmente porque ya van dos meses que no me pasa las facturas de la luz, y me da pánico que la cifra sea tan desorbitada que le de vergüenza enviármelas. Por otra parte, es primordial que le avise que a través de la mampara del baño se cuela más agua que a las bodegas del titanic o pronto mi ducha será ducha/bañera/piscina.

Hoy pasé largo rato pensando en qué habría sido diferente mi vida si hubiera sido heterosexual. Probablemente no viviría en un Loft, y probablemente sabría arreglar yo mismo el escape de la mampara. Lo más probable es que tuviera otro trabajo, y tengo la sensación de que dedicaría muchísimo menos tiempo a pensar chorradas. Por lo tanto tampoco tendría un blog. O quizás sería un blog temático, centrado en alguna de mis aficiones. Motos, o fútbol, o chicas en bikini.

También creo que tendría una relación estable, con una chica maja, regordita a la que le encante la cocina y las tareas del hogar.

Creo en las parejas heterosexuales porque se complementan bien. O al menos suelen hacerlo. Coger a dos tíos y juntarlos es como poner dos imanes de la misma polaridad a escasos milímetros y pretender que se queden ahí. Los chicos somos un desastre, competitivos hasta el extremo. Ya no es que no nos guste perder al Smash Bros como les pasa a algunos de mis amigos (ejem), sino que todo es una comparación constante. Un 'quienlatienemásgrande' en todos los aspectos de la vida y de la relación.

Tendemos, encima, a asumir que como nuestra pareja es también un chico, debemos esperar lo mismo de él, que lo que esperaríamos de nosotros mismos. En las parejas heterosexuales se da por hecho que se trata de personas con muchas diferencias que se complementan, pero aquí todo parece mucho más complicado, y para mi gusto también absurdo.

Tendría un coche más caro que mi tele, y no al revés. Destinaría un porcentaje de mi sueldo a la compra de condones porque seguirían sin gustarme los niños, y a mi novia regordeta no le gustaría la píldora. Mi madre me querría menos, y yo dejaría de intentar arreglar el mundo en cada charla o cada entrada.

10/5/11

Día 53

Hoy me ha ocurrido lo típico de que tuve una idea. Algo de lo que venía a hablar, o quejarme, o meditar. Entonces entro en Blogger.com, le doy a "Nueva entrada" y FLASH. Me quedé en blanco.


Tampoco es de extrañar, en un día en el que decir que ando disperso es un eufemismo para no decir claramente que estoy gilipollas. De estos días en que bajas hablando por el móvil a coger agua, y cuando subes te has dejado el móvil, y cuando bajas a por él, te bajas con el agua y te la dejas allí al subir con el móvil.

Sí, uno de esos días en que ningún pensamiento se abre y se cierra, sino que todos se abren y quedan en esa nebulosa de cavilaciones y elucubraciones de la que sabes que nunca volverán. No habrá final feliz para ninguno de los pensamientos de hoy. Muchas miradas perdidas, muchas frases sin sentido, y mucho paso en falso.

Algo no va bien. Es el único pensamiento recurrente que entra y sale de la nebulosa sin traer consigo ninguna novedad. Algo no va bien. De acuerdo, algo no va bien ¿pero qué es? ¿será conmigo? ¿será a mi alrededor?

Está bien, he aceptado que nunca sabré lo que es. A cambio, exijo como parte del trato, que este estado de estupidez permanente termine cuanto antes. Lo mismo me da la risa floja que me entran ganas de llorar. Lo mismo me pega escuchar "Raise your glass" que de repente me pongo melancólico con "Bizarre love triangle". Si no fuera porque aún me deberían faltar un par de años, consideraría la menopausia masculina como una seria opción.

También tengo últimamente la sensación de que el mundo es una cosa extremadamente inestable. Que un mal paso y se irá todo a tomar por culo. Es más, el sábado mientras bajaba las escaleras, un escalón se hundió literalmente cuando pisé uno de sus laterales. Llamadme paranoico, pero quizás sea una señal. Y quizás también explique el cómo me partí la crisma bajando las escaleras a oscuras.


Y hablando de cosas que se hunden a mis pies, el plan de volver a Berlín con Diego y Yanyan se hundió también. Para eso están los planes, al fin y al cabo. Si no existiera la posibilidad de que se jodan lo llamarían... no sé, sólo "hacer cosas", a secas.

A cambio, he hecho otro plan, y es ir a Suiza. A conocer Ginebra, concretamente, unos días a principios del mes que viene. Allí los hoteles cuestan una fortuna; de mínima 500€ cada noche, por lo que hemos decidido pasar el día en Ginebra, y huir a Francia para dormir. Será como exiliarnos cada noche huyendo de los puñales de los empresarios hoteleros suizos. Toda una aventura oiga...

Y Berlín puede esperar. Y tanto que puede esperar.

8/5/11

Berlín

Definitivamente quiero hacerme alemán. Quiero recoger mis bandejas en el McDonald sin sentir que hice algo heroico. Allí todo se recicla. La basura del metro no iba a ser excepción. El metro es de libre acceso. No hay torniquetes para entrar ni para salir.


Son E-D-U-C-A-D-O-S. A todos los niveles y en todos los rangos de edad. El carril Bici se extiende por toda la ciudad.

Los alemanes están muy buenos. Combinan cosas rarísimas vistiendo pero nadie jamás les mira. Allí nadie mira a nadie.

En el McDonalds la bebida puede rellenarse tantas veces como uno quiera, la mayonesa no es una salsa mística extraida del pelo rubio de los dioses griegos por la que hay que pagar 0,30€, y... el motivo más importante por el que quiero ser alemán...


Sí, no es photoshop. En Alemania el McRib sigue sobreviviendo al paso de los años, y yo sigo sin entender que desapareciera de este país sin dejar rastro. Y por si no fuera poco tienen Dr Pepper.

No sabía qué fotos colgar, así que dejo las 5 o 6 que más me han gustado para deleite de los que no sepan de fotografía.




Aproveché este viaje también para hacer una última incursión en mi pasado (ese que llevo un par de meses intentando cerrar), hablando con mi ex (al que no le gustaba compartir las recetas). Fue muy agradable. Me refiero a la experiencia, porque a él le faltó poco para mandarme a tomar por donde la espalda pierde su nombre. Menos mal que aún no han inventado el envío de TNT por whatsapp o ahora estaríais recogiendo mis pedacitos esparcidos por la puerta de Brandenburgo.

A través de las pocas palabras que intercambiamos, creo que quiso dejarme ver que me dejó porque no le gustaba mi buena relación con mi ex, que de aquello resultó que me pusiera los cuernos con un amigo mío y por todo lo anterior se dio cuenta de que todo lo originó mi relación con mi ex. Por tanto, aprendió que no hay que relacionarse con los ex y de ahí que no me dirigiera la palabra.

Vamos, que se lo comenté a Almodovar de buen rollo, y me dijo que era demasiado enrevesado para su próxima peli. Pero quizás para la siguiente.

Por otro lado estoy planeando volver a Berlín a principios de junio. Me gustó tanto que cuando estaba allí hasta recogía la mierda de los demás en el McDonalds, para ver si me concedían la ciudadanía por buena conducta. Esta vez me gustaría volver con más amigos. No tengo nada en contra de Raquel, es un sol y lo pasamos genial juntos, pero se negaba constantemente a salir de fiesta.

De momento se han apuntado Yanyan y Diego, pero si alguien más quiere, cuantos más seamos, más barato el alojamiento y la comida :D. ¿Hola? ¿Alguien?

3/5/11

Día 46

Le decía a Diego que yo viajo porque estoy de vacaciones y es lo que está bien visto, pero realmente me da una pereza...


Ojo, que me encanta conocer nuevas ciudades y ver mundo, pero todo lo que implica viajar hace que, dada la imposibilidad de teletransportarme, preferiría cortarme las venas a someterme una vez más al martirio de hacer maleta, llegar al aeropuerto, pasar el control de seguridad, hacer la cola del embarque, sentarme junto a la familia con dieciseis niños, comprimir mis piernas a tamaño low cost, esperar junto a mogollón de personas ansiosas por bajar de ese tubo, salir a la zona de llegadas donde ohquécasualidad no me está esperando nadie, y llegar al hotel/casadeacogida donde por fin me desplomo y me da hambre.

Dicho esto, hoy me voy a Berlín. Voy a conocer una de las ciudad de mi lista, y eso me hace ilusión; lo que ocurre es que siempre organizo los viajes pensando en el "veryconocer" omitiendo por completo el "cómocoñovoyallegarallí" y me emociono de más.

Está bien saber lo que me agota psicológicamente preparar un viaje con vuelo directo a Berlín, porque me hace meditar que quizás no estoy preparado para ir a Alaska con veintitres escalas como casi preparo el año pasado.

Anoche salimos a cenar. Ellos lo negarán, pero sé que fue para celebrar encubiertamente que me marcho cuatro días. Aún así lo pasamos muy bien; hicimos aquello que tanto me gusta de mezclar a dos grupos de gente y ver cómo funciona. Y fue muy bien, tengo que reconocerlo. Claro que con Eloi y Yanyan es todo mucho más fácil. Ellos compensan con creces mi asocialidad, dejándome en la cómoda posición de observador activo. Ya hemos ido tanto a ese restaurante que empiezo a coger cariño a los Fúwùyuán -o camareros-.

En fin, que me he extendido más de la cuenta para justificar mi ausencia durante los próximos días, me da.

1/5/11

Día 44

Hoy llevo planteándome todo el día en si debo rendirme en alguna de mis empresas o no. Tengo varias. Algunas en el terreno profesional, otras en el terreno del ocio, y algunas en el terreno sentimental.

情歌 - Love song

Sentimental de amistad, principalmente. No me gusta que así sea, pero reconozco que está socialmente aceptado que cuando alguien habla de sentimientos está hablando de sexo o algo más.

Y llevo todo el día pensando en esto porque me cuesta muchísimo rendirme siempre. A veces incluso, me agarro durante años a cosas que ya he perdido. ¿Cabezonería? ¿Romántico? ¿Loco? Probablemente "sí, sí y sí". Si fuera una persona que se rinde más fácil aprendería de los errores y los fracasos, seguiría adelante y emprendería nuevos proyectos corrigiendo lo que falló entonces.

Y todo esto me atormenta hoy porque mi estilo de poner parches infinitamente no da resultado. Lo sé desde hace mucho, pero no lo terminaba de asimilar nunca. Si yo fuera una ciudad sin lugar a dudas sería Lisboa, llena de edificios viejos y a duras penas remodelados. Suelos centenarios por los que duele caminar, tranvías que se pintan de vez en cuando y siguen adelante... allí donde las cosas no se cambian ni aunque ya no funcionen.

Pero Lisboa tiene suerte, probablemente dentro de cien años Lisboa seguirá ahí. Yo no. Empiezo a estar cansado de mi método que no funciona, y he pensado que mi nuevo proyecto será aprender a dejar ir las cosas. En dejar ir a la gente que no quiere estar. En dejar ir los proyectos que no funcionaron.

La canción de hoy se llama "Love Song", y trata del primer amor que ya no volverá. Como mi primer y último amor. Tampoco va a volver, tiempo de dejarlo marchar a nivel razón y corazón. Me acordé de él viendo Juno, que es una de mis películas favoritas, y la vi por primera vez en su cama una calurosa noche de verano. "Vaya, no ha cambiado nada... la banda sonora sigue siendo tan genial... eh... un momento... ¿yo también sigo igual?".

Por eso las calles de mis sentimientos tienen que reconstruirse ya. Igual que los edificios de mis proyectos profesionales y ociosos. Tengo que ponerme manos a la obra y traer la dinamita. Con un poco de suerte no me enterrarán los escombros de mis viejas construcciones.

Además, está bien saber que cuando necesite mano de obra barata siempre podré recurrir a los de siempre }:).


Gracias por estar ahí.

P.D: Hoy vi la película con Diego y Yanyan. Ya que el post ha quedado una mariconada total, y no hay vuelta atrás, déjame decirte Diego que eres de esa gente difícil de encontrar :).

29/4/11

Día 42

Tengo que reconocer que, para gustarme tan poco las matemáticas, me dejo llevar demasiado por mis propios números y estadísticas trasnochadas.


Estadísticas que, todo sea dicho, carecen de mucho rigor. Por no decir que me las saco del bolsillo directamente. Así, ayer me dio por pensar en la ducha que si actualmente ya he vivido un tercio del total de mi vida, y en estos 25 años sólo he conocido a 5 personas de quienes podría afirmar que valen la pena, durante el resto de mi vida sólo conocería a 10 personas más a quienes yo consideraré especiales.

Qué angustia. Teniendo en cuenta que de las 5 que he contado hasta el momento, sólo queda en mi vida 1, cuando tenga 75, ¡sólo habrá 3 en el mejor de los supuestos!. Y eso si no las atropella un coche, o se caen por unas escaleras, o se desangran trabajando con el serrucho. Porque según otra de mis estadísticas, uno de los 3 será carpintero.

Vale, quizás habría estado bien considerar a la gente que uno conoce en los quince primeros años de vida, pero bueno, era una ducha mañanera y quizás me haya dejado algún que otro factor sin considerar.

Cuando cerré el paso del agua, estaba entrando en ese estado de ansiedad mariquita del que hablábamos Pablo y yo el otro día. Realmente parece que la mayoría de homosexuales de Madrid siente esa ansiedad constante de que se acabará el mundo mañana. Vamos, algo parecido a lo que me pasaba a mí en la ducha, pero de manera constante y enfermiza, llegando a creerse que la solución es conocer a ciento veinticuatro chicos diferentes cada semana.

Yo en cambio, creo que soy mucho más sosegado porque sé que lo mío se solucionará en cuanto compre una radio para la ducha. O un huevo de esos para masturbarse. O empiece a darle uso al patito de goma.

Aparte que a ellos lo que les preocupa es no tener nunca pareja, y yo jamás hablaría de eso cuando digo "gentequemerezcalapena". De hecho casi nunca nos emparejamos con gente que merezca la pena, aunque sólo lo descubramos cuando la relación ha terminado.

La verdad es que llevo fatal lo de los tiempos muertos. La ducha es uno de esos momentos en que por el entorno, y por las circunstancias, no me queda más remedio que pensar. Con un poco de suerte, me ducho recién levantado y las grandes preocupaciones son gilipolleces del tamaño de camiones como la que acabo de contar. También tengo un trauma con acostarme a dormir, por eso cada noche, sin excepción, duermo con un capítulo de alguna sitcom. Y también me pasaba en tiempos remotos en los viajes de autobús, etc.

Vamos, que me compraré una radio para la ducha.

27/4/11

Día 40

Lemon Pie

Masa:
Harina; 100grs. Maizena; 100grs. Azúcar; 50grs. 1 Pizca de sal. Mantequilla 100grs.

Formar una arenilla; luego agregar 1 yema + 4 cuacharadas de agua fría + esencia de vainilla. Dejar reposar 20 minutos en la nevera y colocar en el molde.

Crema de Limón:
Ralladura de 1 limón y su jugo. 1/2 litro de agua y 6 cucharadas soperas de azúcar. Agregar 4 cucharadas de maizena disueltas en una taza de agua y poner a cocinar. Apagar cuando espese. Agregar 50grs de mantequilla y cuando esté tibio, dos yemas.

Merengue:
3 claras a punto de nieve. Agregar 3 cucharadas de azúcar por cada clara y unas gotas de esencia de vainilla.



Your ex-lover is dead. Escucha obligatoria.

Vale, no es que se haya convertido esto en un blog de cocina, sino que esta receta lleva años dando vueltas por diferentes ciudades, cajones, cajas de mudanza, cocinas, ha navegado entre claras, yemas, mantequilla, cuchillos, manazas, y demás.


Y ahora que he aprendido que por más tiritas que les ponga a las cosas, acabo por perderlas igual, he pensado que si este blog ha sobrevivido cinco años, es probable que sea más seguro que los cajones, las cajas de mudanza o los cuchillos.

Es mi postre favorito. Incluso ahora que han dejado de gustarme los postres, es mi postre favorito. Mientras transcribía la receta, no pude evitar recordar que una de las parejas que tuve, era especialmente protectora con las recetas familiares. Recuerdo que un día le pedí la receta de los profiteroles que había traído para la cena, y me dijo que lo sentía pero no podía compartir esa receta familiar.

Ahora a la distancia, uno es capaz de comprender que si no comparte sus recetas, quizás tampoco estaba del todo preparado para compartir toda una vida conmigo. Otro caso evidente de que las tiritas no siempre funcionan.

Ayer lloré de nuevo. Venía en el cercanías de cenar en el centro, y en la parada anterior a la mía se subió una señora. Tendría unos 36 años, así, a ojo de alguien que falla siempre que intenta adivinar una edad. Iba bien vestida. Humilde, pero bien vestida, incluso maquillada con cierta clase. Comenzó a explicar cómo desde el lunes anterior se había quedado sin techo por estar en desempleo, y haber intentado mantener la hipoteca de una casa sobrevalorada hasta el final. Se le caían las lágrimas mientras relataba lo duro que resulta decidirse a subir a un vagón de cercanías a pedir mientras se le resquebrajaba la voz, y eran las 23:54 de un martes cualquiera.

Corrí a buscar mi cartera en el bolsillo antes de que llegara el tren a la estación. Recordaba tener una moneda de dos euros allí, y cuando abrí la cartera no había nada. Acababa de pagar con ellos en el maldito restaurante. Algún billete, y nada. Mi cartera no tenía absolutamente nada.

Sé que me vio sacar la cartera e instantes después, bajarme sin darle absolutamente nada. Tuve un nudo en la garganta y lagrimones durante todo el camino a casa, pero al fin y al cabo yo tenía una casa a la que volver. Quizás me hubiera gustado decirle algo, pero una vez más, una situación horrible ante mí y no hice nada. La demás gente del vagón ni siquiera la miraba. Por el amor de Dios, qué más da que te saque un euro una mujer que pide de esa forma en el cercanías... incluso aunque fuera mentira, no puedes quedarte impasible ante el riesgo de que fuera verdad. Es más, aunque fuera mentira la señora merecía unos euros por el pedazo de artista de que estaríamos hablando.

Pero ya sabemos que en Madrid no se quiere, tampoco se siente, ni se padece. ¿La gente no piensa antes de dormir? ¿no se plantea en qué mundo vivimos?. Esta ciudad está repleta de máquinas... pronto en el cercanías serán los iPhones los que lleven iPhones.

Espero que nadie me diga que no se puede ayudar a todos los mendigos de Madrid. No soy un idealista cegado, se trata más de la perplejidad que me provoca la ausencia de emotividad de esa gente. Y sí, me han pedido muchas veces en el metro/cercanías, y la señora no se trataba de ninguna yonki. También tienen sus problemas, pero no se solucionan con dinero precisamente.

Ya hoy, más calmado, me comencé a preguntar si quizás me sentí mal para sentirme bien. Si quizás Phoebe tenía razón en aquel capítulo de Friends en el que afirmaba que todas las buenas acciones son egoístas. Quizás necesito intentar ser buena persona para sentirme bien conmigo mismo. ¿Será eso ser buena persona?... no lo parece.

En fin, en ese punto me di cuenta de que, sea como fuere, pienso demasiado. Y creo que he vuelto a extenderme más de lo previsto, así que ya dejo de parloteo, y volveré cuando esté más animado.

24/4/11

Día 37

4:40 de la madrugada. Suena el despertador, y salto de la cama. La confusión es extrema, y empiezo a preguntarme si todo lo que ocurrió ayer fue real. Por suerte aún estaba en la basura del escritorio la venda ligeramente ensangrentada.


- Uf... menos mal.

Vuelvo a ponerme el uniforme, a las 5:30 tengo que firmar en el aeropuerto. Llego dos minutos tarde, los pelos de punta y los ojos entrecerrados; pero tengo la excusa perfecta: "perdón, había mucho tráfico".

- Son las cinco y media de la mañana.

Vale, el golpe en la cabeza fue real.

Voy a París. Vuelvo de París. Me voy a casa, y me quedo dormido. Despierto asustado pensando que me he quedado dormido y no he ido a trabajar. Pero ya había trabajado hoy.

Hablando con Carlos sobre el pasado hemos llegado a la conclusión de que no odio a nadie. Sin embargo, hay gente a la que no me importaría que atropelle un camión. No es que se lo desee, simplemente que hay gente mala que no me despertaría ese sentimiento de lástima que solemos tener todos por ahí en stand-by esperando a que ocurra alguna desgracia.

No odio porque tengo la inteligencia emocional suficiente como para saber que odiar requiere más concentración de energía que amar. Para más inri, los resultados de odiar no es que sean especialmente positivos. Como hablábamos Carlos y yo, la gente opta por la indiferencia, que, como mucho, consume la energía de a quien va dirigida.

Creo que cada persona nace con una habilidad emocional especial. Hay gente que es muy buena perdonando, hay gente que es muy buena olvidando, hay gente que tiene gran capacidad de rencor... y durante años me preguntaba cuál sería mi habilidad emocional especial.

Al final llegué a la conclusión de que mi habilidad especial consiste en olvidar todo lo malo de las relaciones y quedarme con la esencia de la gente.

Por eso quiero a la gente buena aunque me haya hecho cosas malas, y siento indiferencia hacia la gente mala aunque haya hecho cosas buenas. Sí, debe ser eso.

Y ahora, vuelvo a dormir, que mañana firmo a las 6... aunque quizás con tanto tráfico...

22/4/11

Día 35

No estaba nada seguro de si actualizar hoy o no. Las razones son varias; primero que no soy capaz de recordar todo lo que ocurrió anoche, segundo que no soy capaz de diferenciar lo que pasó realmente y lo que fue un sueño, y tercero porque llevo ocho trillones de horas sin dormir.

Pero he pensado que algún día muy muy lejano, querré recordar lo poco que quedó en mi memoria de estos acontecimientos.

Eran las 22.45 y, como suelo hacer antes de acostarme, bajaba a rellenar mi botellita de agua para que no me den los ataques de sed nocturnos. Es curioso que cuando tengo la botella de agua no bebo jamás, pero si no la subo un día me despierto sediento cada media hora.

Desde mi cama al suelo hay 15 escalones. Superé los 6 primeros sin gran dificultad, pero al séptimo algo debió pasar. Quizás se desplazara unos centímetros... quizás apareció un objeto de forma irregular en mitad de la escalera... quizás recordaría algo más sobre ese escalón si no hubiera sido tan gilipollas de bajar con la luz apagada.

En aquel momento todo parecía fuera de lugar, no era capaz de encontrar mi centro gravitatorio y me desplazaba verticalmente a gran velocidad, y el fantasma que solía encender la tele por las noches, ahora también había pintado con aceite el pasamanos. No había control, y por si fuera poco, alguien había decidido construir en la esquina una columna que hasta ayer no había visto nunca. Y cuando la vi ya la tenía entre ceja y ceja.


Desperté unos minutos más tarde, con lo que parecía una gran resaca, sin entender en principio por qué había decidido dormir al lado de la columna que nunca estuvo allí, con una botella de agua vacía en la mano y un pequeño charco de sangre a mi lado.

- Eh... quizás este charco de sangre no estuviera aquí antes...

- Eh... es posible que no eligiera este incómodo lugar para dormir...

- Eh... ¡¡¡HOSTIAS!!! ¡¡chorreo sangre!!.

Me vestí, y salí corriendo a buscar un taxi.

En el hospital me vendaron apropiadamente, y me drogaron adecuadamente también, porque el dolor iba en aumento. Les di las gracias e intenté irme de allí, porque no me gustan los hospitales, pero me metieron en una cama a la espera de los resultados del TAC.

No sé con exactitud el tiempo que estuve allí, pero recuerdo no parar de decir que tenía que irme a trabajar. "Tienes que quedarte un poco más, duerme un rato". Estaba mojado, drogado y todo me daba aún vueltas por el golpe. Se apagaron las luces y sólo podía mirar por los cristales de la ventana, contra los que chocaba violentamente la lluvia. El señor sedado que había a mi lado, no estaba muy bien sedado, porque de repente me preguntó la hora. "No lo sé, tengo que irme de aquí". Empezaba a parecerme a Leonardo DiCaprio en Shutter Island. "Mejor descansa un poco".

No podía descansar, todo daba vueltas y no parecía real, parecía estar viviendo una película de la cual se habían cortado pedazos que no podría siquiera imaginar "¿Dónde están mis llaves? ¿En qué he venido al hospital?... Será mejor que descanse". Pero sólo podía pensar en lo que había hecho mal en mi vida. "J me odia". "Si J me odia no podré dormir, ni ahora ni nunca más". "Podría escribirle a J para pedirle que no me odie".

- J, ¿estás despierto?

- Sí. Dime.

- Por favor, no me odies.

- No te odio, es sólo que nuestras vidas deben estar separadas. Pero te deseo lo mejor.

Lo último que recuerdo fue llorar mucho sin saber por qué. El señor mal sedado me preguntó "¿qué te pasa ahora?". "Nada, voy a descansar." le contesté.

- Gracias por no odiarme, J.

Caí muerto. A las 3AM vino una enfermera a decirme que los resultados del TAC no mostraban nada preocupante, pero que el doctor me recomendaba quedarme en observación hasta por la mañana. "No, trabajo dentro de dos horas. Me marcho, muchas gracias."

Llegué a casa, me duché y me fui a trabajar. Pese a todo lo que había pasado me sentía bien. Sentía como que todo el sinsentido de esa noche en realidad había tenido su sentido.

Era todo exactamente igual, pero totalmente diferente...

Ya otro día os cuento lo divertido que fue trabajar 11 horas en ese estado :).

20/4/11

Día 33

Últimamente no sigo muchos blogs. Es decir, leo varios, pero no sigo muchos.

Esto se parece cada vez más a la transición que vivimos de la tele a Youtube, netflix o megavídeo. Antes uno tendía a ver los canales de televisión que más le gustaban, puesto que era más cómodo que levantarse a buscar el mando de la tele. Es curioso el tiempo que perdíamos buscándolo si siempre estaba entre los cojines del sofá...


Pero como iba diciendo, igual que ahora vemos sólo lo que nos interesa de la tele (y cuando nos interesa), en el mundo blogueril ha comenzado a pasar lo mismo. Ya casi no leemos a Menganito porque queremos saber de Menganito, sino que leemos a Menganito porque nos interesa más el contenido que él genera para el público, ya sea en forma de chistes, canciones o frases pastel de twitter, que su propia vida y obra.

Somos algo así como devoradores de contenido, deshumanizando incluso lo único medio humano que quedaba en la red. Los blogs.

También es verdad que entre tanta falsa autobiografía, tanta realidad edulcorada, y tanto melodrama es normal que la gente haya dejado de pensar en quién hay detrás de quien escribe cada cosa, y nos centremos más en qué queremos leer y cuándo queremos hacerlo.

Hablando con Nepomuk el otro día, me decía que casi nunca entro en su blog, y, aunque sí que entro muy de vez en cuando, es verdad que ya no lo sigo como lo podía seguir años atrás. Es efecto y defecto de lo que comentaba más arriba. Su blog probablemente es hoy en día, y en líneas generales, mucho mejor, más maduro y mejor escrito, pero las dosis de humor vienen más diluídas que tiempo atrás. Esto no quita que la forma de escribir de ese enano sea de las que más me hayan atraído nunca, pero supongo que yo ahora leo mayormente cosas en clave de humor.

Lo que me lleva a mencionar un nuevo descubrimiento blogueril para los amantes del sentido del humor. A mí personalmente me ha encantado el blog de Mi amigo Walter, así que recomiendo una lectura/visionado a todos los devoradores del género.

Y poco más que contar hoy, ya que haciendo caso a mi propia teoría, no os importa una mierda lo que me ocurra, sino el cómo lo cuente. Y entre eso y que no ha pasado nada interesante últimamente... mejor lo dejamos para la próxima edición.

17/4/11

Día 30

Hoy vuelvo a sentirme pequeñito.

The Mountain from Terje Sorgjerd on Vimeo.

Trabajar tan temprano por la mañana hace que veas cosas que normalmente no ves. Te fijas en la soledad de la señora de la limpieza, que trabaja con sus auriculares cuando la mayoría de la gente duerme. En el señor que espera en la parada del autobús a las 4:35, y te preguntas a dónde irá.

Tan temprano me da por preguntármelo todo. ¿A dónde voy yo?. A trabajar, sí... pero ¿por qué?. Llegando al aeropuerto veo los abrazos de despedida, las lágrimas de la gente, y los corazones rotos a uno y otro lado del control de seguridad.

Ese control de seguridad que hace de barrera divisora de los sentimientos, convirtiendo las parejas en individuos y las familias en padre e hijo, o hermano y hermana. Pero yo puedo pasar una y otra vez esa barrera en el sentido que me plazca, pues yo no soy nadie allí. No tengo ningún papel; ni hermano, ni amigo, ni amante. Y por eso tengo la libertad de ignorar esa barrera que para mí no significa nada.

Mientras camino hacia la puerta de embarque miro las caras de quienes esperan a entrar en el avión, y me pregunto qué hacen ellos allí. ¿Qué esperan encontrar al salir del aeropuerto de destino?. Me apasionan las motivaciones de los demás porque yo casi no conservo ninguna. Les miro, y me veo de pequeño esperando en una sala de espera similar, con la esperanza de que, al bajar de aquel avión, mi familia estuviera esperando.

Pero sólo he cambiado yo. Mi papel es lo único que ha variado en ese entorno, pasando de sentirme en cierto modo protagonista como en mi infancia, a ser la oportuna pieza de un puzzle enorme. Una pieza sin contornos definidos y monocroma, que podría encajar en cualquier parte.

Sin embargo, de algún modo, alguien tiene que ser esa pieza ocupando ese lugar.

13/4/11

Día 26

Y estoy enfermo. Enfermo enfermo, pero aún así no he pedido la baja, porque si bien mi trabajo no me apasiona sobremanera, es el único que tengo.


Mocos tan verdes que parecen radiactivos, dolores de garganta que sólo remiten a la tercera copa de sangría, y dolores de cabeza que van y vienen sin preaviso. Por no hablar del oído, que abandoné mi antiguo sistema de audición stereo 2.0 para oír en mono usando sólo el izquierdo.

Por lo demás bien, sigo haciendo cosas para no morir de aburrimiento, aunque corro el riesgo de morir de enfermedad. Quizás me curaría un poco más rápido si dejara la otitis, el resfriado y la irritadísima garganta en casa por un día, pero no soy capaz.

Hoy, fuimos a cenar con Eloi, Jaime y Yanyan a nuestro restaurante chino favorito. Vamos tanto que ya tengo confianza suficiente para hacer bromas en chino con los camareros. Me lo paso en grande comiendo con palillos, tengo tanto nivel que ya lo he puesto en la nueva edición de mi curriculum.

Tras la sangría, la comida, y la charla superficial, Eloi y yo nos dimos cuenta de que pese a la amistad que tenemos desde hace año y meses, no sabemos tanto el uno del otro. Más bien no sabe tanto él de mí, quizás. Y es que no me interesa demasiado el darme a conocer; tengo la eterna sensación de estar perdiendo mi tiempo y haciendo a los demás que pierdan el suyo.

- ¿A qué edad perdiste la virginidad?

- No recuerdo... ¿19? ¿20?

- Haaaalaaaaaaaaaa, ¡¡qué tarde!!... no das esa imagen para nada. No serás de esos que pueden contar a los que se han tirado con los dedos de una mano... ¿no?

- Hombre... con una mano creo que no...

Pero la realidad es que sí. Vine pensándolo en el autobús y, con una mano, tengo de sobra. ¿A qué imagen se refería? Aún sigo preguntándome. 'No estoy orgulloso del histórico de mi vida sexual. Pero tampoco avergonzado' aclaré al final. ¿Qué imagen doy?.

- Desde luego, de cualquier cosa menos de mojigato.

Es que no lo soy. No me acuesto con cualquiera por el simple hecho de que cualquiera no me atrae. Quizás sea yo muy exigente con ese hobbie, pero si yo respeto a los que sólo van al cine a ver películas de las que esperan muchísimo, hay que entender a quien sólo folla con quien le excita muchísimo. O quiere muchísimo. O ama muchísimo.

Aunque según me dijeron hoy tampoco aparento ser romántico. Yo estoy convencido de que el motivo es que su concepto de romanticismo es regalar rosas en San Valentín, y mi concepto de romanticismo es no salir en 7 días de un hospital cuando mi pareja está internada. Seamos sinceros; el hecho de decir "te quiero" no es romántico. Sentirlo es romántico incluso aunque no se lo digas a nadie.

Mi romanticismo no se ve. No hay rosas, no hay poemas; sólo lágrimas que no se ven, y sentimientos que se difuminan entre rosas condenadas, tequieros sin vida y poemas más trabajados en sus formas que en el fondo.

Necesitamos igualmente ese concepto del amor que incluye las rosas, los poemas, y los tequieros. ¿Cómo si no iban a poder diferenciarlo aquellos que no han amado nunca?

8/4/11

Día 21

Hoy fui a cenar con José, amigo y excompañero de trabajo, que actualmente convive con una turbia relación que empaña su vida, y por extensión la de todos los que le rodean.


Me angustia bastante hablar con él sobre ese tema. En parte, porque me recuerda al Yo del pasado en su constante negación de la realidad y modificación del pasado. Por si no fuera poco, escribe su futuro con trazos de esperanza y, por qué no decirlo, con bastante imaginación.

Aún sabiendo que nada de lo que le digo le llegará de verdad, puesto que está cegado por sus deseos de recuperar lo que piensa que tuvo, hago un enorme esfuerzo por hacerle notar lo que tanto me costó aprender. Esta noche no paraba de repetir lo mucho que le dolería perderlo.

"No es tuyo, sólo comparte su vida contigo"

Y lo hace por interés. No digo esto por ser cruel, sé que en su estado es difícil ver que el amor incondicional que tanto nos venden en televisión, está reservado para películas sobre barcos que se hunden o parejas que se comunican mediante una medium negra, pero creo que no pensar en lo inalcanzable es bueno para despertar.

El amor es, al menos en sus inicios, otra forma de interés. No es material; no intento confundir eso con el amor, pero es el interés más básico de todos. Nos gusta sentirnos bien al lado de alguien que se sienta bien, y para que eso ocurra es requisito indispensable que esa persona sea feliz. No que esté feliz, sino que sea feliz, o quiera serlo.

Recuerdo haber comentado alguno de los cinco años que llevo escribiendo este blog, que había dos tipos de personas, las que desprenden energía y las que consumen energía, y creo que es aplicable a todas las relaciones de la vida. Y el amor no iba a ser una excepción... si no hay cierto equilibrio se irá a la mierda.

Hay mucha gente que piensa que ser feliz por uno mismo, independientemente de la felicidad de los demás, es egoísta, pero la realidad es que no hay ninguna alternativa válida a ser feliz por uno mismo.

"No dejes tu felicidad en sus manos. Ni en las de nadie" le dije luego.

Siendo feliz contagias tu felicidad a quienes te quieren, y les acercas a tu vida. Cuando estás triste y sólo drenas energía, entristeces a quienes te rodean y, sin siquiera darte cuenta, les alejas de ti. No intento ponerme excesivamente metafísico. Lo que comento es, sobre todo, sentido común.

El amor es, en cualquier caso, una travesía complicada. Hacemos una parte del viaje con la razón, pero los sentimientos hacen un viaje paralelo cuyo volante no podemos controlar. Están relacionados pero no son equidistantes.

Siempre imagino el amor como un viaje en vespa con sidecar, solo que en lugar de estar unidas por una sólida estructura metálica, se unen por un elástico que va cediendo en flexibilidad. Así, cuando la distancia entre la moto (razón) y el sidecar (sentimientos) es demasiado grande, ¡CLAC!. Ahora tenemos una vespa en Móstoles y un sidecar en Guadalajara.

*Teoría de la Vespa y el sidecar.

Qué se le va a hacer, estamos aquí para ser felices. Ya sea llevando una flamante Vespa con su sidecar, o un triciclo con cuatro latas atadas detrás.

6/4/11

Nathalie

Resulta ser que tuve una novia.

Bueno, a decir verdad tuve varias, pero una sola encajaba realmente en el concepto de novia más extendido, puesto que la quería de verdad y no teníamos sexo. Luego tuve otras, sí, pero sólo eran una pieza más de un puzzle. Un puzzle que si hubiera tenido nombre habría sido "Coloca en orden toooodas estas hormonas".


Es una historia muy curiosa porque ambos teníamos 5 años la última vez que nos vimos. Nos despedimos en la escuela en la que hicimos lo que en Argentina se llama el jardín de infancia, y cada uno le llevó un regalo al otro. Recuerdo haber llorado mucho aquel día, porque aunque es difícil de creer, pienso que aquella vez asumí, por primera vez, que no siempre dependería de mí el ver a la gente a la que quería.


Yo le regalé un conejito depeluche a ella, y ella me regaló un perrito rosa a mí. Raro es que ambos recordemos aquello con mucho cariño dos décadas después. Surrealista es que ambos conservemos dichos peluches, pero lo que es acojonantemente alucinante y escalofriantemente premonitorio, es que veintiún año después yo sea gay y ella lesbiana.

La cosa es que lo descubrí porque ella se pasó mucho tiempo intentando ponerse en contacto conmigo, cuando yo a duras penas la mantenía en mis recuerdos a través de Pochoclo, mi perrito de peluche rosa. Un buen día, y gracias a que mi padre tiene una ajetreada vida online, Nathalie consiguió dar con él, y a través de él, conmigo.

Me ha gustado mucho saber de ella. Es difícil de creer que alguien con quien sólo compartiste dos años de vida a edad temprana, pueda recordarte con tanto cariño como para pasar años y años tratando de volver a ponerse en contacto. Y justo hoy es lo que necesitaba, después de experimentar con mis propios sentimientos lo fríos que podemos llegar a ser.

En cualquier caso, mil millones de gracias, Nathalie, por empezar conmigo el peligroso camino de querer a las personas, y aparecer, cual ángel de la guarda, para devolverme un poco de esperanza en los seres humanos cuando más me hacía falta.

4/4/11

Día 17

Aunque me considero un 'lobo solitario', debo reconocer que me gusta la sensación esa de que no me dejen en paz de vez en cuando. Y la verdad es que desde que empezaron las vacaciones me he sentido así la mayor parte del tiempo.


Especialmente este fin de semana, que con la visita de José y Bego, he dormido 10 horas en total, habré caminado más que los protagonistas de The Way Back, y he consumido más litros de alcohol que los que compra el Gregorio Marañón. Cada año.

Por eso tengo la sensación de que lo pasamos genial, y a pesar de las lagunas espacio-temporales, las pruebas gráficas que han ido apareciendo parecen confirmar lo que mis recuerdos intuían.

A pesar de los buenos momentos, de los efectos analgésicos y desinhibidores del alcohol, y el cariño de mucha gente, a ratos aún siento que me acompaña aquella canción de El sol no regresa.

Ayer hubo algo así como una marcha Zombie por Madrid. Nos costó horrores encontrar algún sitio en el que cenar por el centro, ya que todo parecía un escenario del próximo Resident Evil, pero finalmente encontramos un pequeño restaurante de comida casera en el que todo estaba bastante bueno. Eso sí, el vino de la casa tenía un sabor muy cercano a lo que sería mezclar alcohol 96º con la tinta de un calamar. Disgusting.

A los tres tragos ya hacía eses para ir al baño. Momento que quedó guardado en la cámara de bego, en lo que sin duda es la foto en la que mejor salgo de todo el fin de semana:


¡Os podéis imaginar cómo son el resto!.

Eso sí, pese a la sensación de estar bebiendo alcohol de curar, sus efectos cumplieron a la perfección, porque hacía meses que no estaba yo tan sociable como ayer. Es más, no sólo hablé con mis amigos y con los amigos de mis amigos, sino que le dediqué diez minutos enteros a un hombrecillo rarísimo que, en un intento de algo impreciso, estuvo contándome largo y tendido lo mucho que le gustaba mi camiseta, y todo lo relacionado con Otto, the automatic pilot. Es más, reaccioné súper bien cuando me dijo "¿Te importa si te espero en la puerta del baño mientras vas a mear?".

El domingo nos tocó un día lluvioso como hacía varios meses que yo no veía, y con el paso de la tarde a la noche, poco a poco las visitas se fueron marchando y dejando esa paz que no estaba muy seguro de si echaba de menos. En general fue un fin de semana muy grande, aunque tras varios tequilas, sigo con la sensación de que las nubes se van pero el sol no regresa.

29/3/11

Día 11

Recuerdo que un par de años atrás, tuve la oportunidad de hablar -en un entorno ajeno al trabajo- con una chica que me seleccionó para uno de mis puestos de tripulante. Recuerdo que en el transcurso de la noche le pregunté por qué nos habían seleccionado a algunos de nosotros, descartando a otros que parecían perfectamente válidos para el puesto.


En resumen, me contestó que allí la decisión recaía en la opinión de la psicóloga, ya que buscaban gente que no sólo hablara inglés, cumpliera ciertos requisitos físicos y demostrara cierta educación, sino que era fundamental que estuvieran seguros de que no discutiríamos de política con un desconocido, o no opinaríamos sobre el regalo de fulanito a menganito sin un mínimo de confianza previa, por ejemplo.

En aquel momento pensé que quizás mi personalidad era tan predecible que podía detectarla una psicóloga de poca monta en una hora de juegos de guardería, pero la realidad es que, aunque acertaron conmigo en eso, trabajando me di cuenta de que el proceso no era del todo preciso, por decir algo distinto a que funciona de puta pena.


Creo recordar que por aquel entonces empecé a pensar seriamente que las personas valen más por lo que callan, que por lo que dicen, y también desde entonces reforcé la supuesta cualidad de no comentar lo que me parece el regalo de fulanito a menganito cuando no hubo concesión de confianza.

En algún otro momento, con el objetivo de complementar tan insulsa personalidad, aprendí a decirlo todo sin decir nada.

Por otra parte, el otro día mientras visitaba el piso de pilar, me di cuenta de que quizás se acerque el momento de comprar un piso. Todo el mundo lo hace, y yo cada vez estoy más alejado de la visión apocalíptica del mundo en la que podría morir pasado mañana. Creo que de ahí deriva mi ansiedad en reestablecer las relaciones humanas con tanta urgencia. Igualmente lo de acercarse es metafórico, porque muchos euros deben llover aún para que la idea pase de ser una estupidez.

Viendo un programa de estos de -Gentilicio en plural- por el mundo, hablaban de Colombia, y en particular de los habitantes de un pueblo cuyo nombre se parecía a Cachibache, que eran la prueba fehaciente de quien menos tiene, menos necesita. Me resultó curioso e irónico el pensar que probablemente ellos ven nuestro 'nivel de vida' materialmente inalcanzable, cuando realmente somos nosotros los que vemos su nivel de vida espiritual inalcanzable. Lo que está claro es que si ellos vivieran en nuestra maquinaria consumista y capitalista tampoco podrían volver atrás.

Por unos momentos sentí envidia de ellos por no saber lo que es el iPad, ni tener la Playstation. Y luego vine a contarlo mientras echaba unas partiditas. Somos esclavos de un estilo de vida que se nos vende como guay, aunque todos sabemos que no lo es tanto...