15/5/11

Día 58

Vaya, parece ser que Blogger vuelve a funcionar, e incluso me ha devuelto mi última entrada.

He aprovechado este descanso en la publicación de entradas para dedicar mi tiempo a otras cosas (lúdicas y ociosas todas ellas). Llevo una vida totalmente similar a la de Carmen Lomana; es un no parar de salir, no trabajar, y comer en Burguer King.

También estamos dedicando muchas horas a sesiones de cine YY, SL y yo. Ayer, por ejemplo, tocó sesión de cine reciente con "Los 3 próximos días", en la que un padre de familia intenta recuperar la vida que la injusta justicia norteamericana le ha robado. Es la típica peli que no sabes si clasificarías de drama, acción o ciencia ficción.

También dedicamos algunas noches a ver cine del clásico. Bueno, de mi cine clásico. El miércoles pasado vimos Aladdin... ¡llevaba años queriendo volver a verla! Recuerdo que la última vez que la vi tendría unos 12 o 13 años y por aquel entonces Aladdín me parecía un ejemplo a seguir. Un chico de éxito que tenía un genio en una lámpara y además un enormísimo corazón por liberar al Genio con su último deseo.

Esta vez, síntoma de que ya debo ser una de esas aburridas personas mayores, me ha dejado flipado cómo Aladdín que de tan puro corazón presume, utiliza su primer deseo en convertirse en príncipe, cuando poco antes iba de buenecito salvando a un niño hambriento de un latigazo.

Pero vamos a ver, Aladdín... si hasta la peor de las Mises sabe que el primer deseo es "La paz en el mundo" y el segundo "Acabar con el hambre y la pobreza"...

Desde luego Disney en mis tiempos se saltaba toda la parafernalia de la corrección moral; monos cleptómanos, protagonistas egocéntricos que aspiran a ser poderosos príncipes o sultanes.... porque reconozcámoslo, después de ver Aladdín a cierta edad, uno se da cuenta de que nunca le interesó la princesa más que para sexo, hasta que descubre quién es y quiere ser Sultán.

Aún así sigue siendo un peliculón, gracias sobre todo a la magia que derrocha el Genio en todas sus intervenciones.

Y hablando con Diego de cine, llegamos de algún modo a 500 days of Summer. Le decía que lo peor de esa película es que es real como la vida misma. Y de algún modo también es lo mejor. Recuerdo con especial tristeza esta escena en la que Tom acude a la fiesta de Summer, con la ilusión de que en esta ocasión, la realidad estará a la altura de sus expectativas.


¿Quién no se ha sentido así alguna vez?

Supongo que en la vida real pasa justo al contrario que en las películas. Mientras en el mundo del cine es raro encontrar una película que acabe mal, en el mundo real es difícil tener un final feliz.

3 comentarios:

raul dijo...

Te ha vuelto a publicar el post?? Tú debes tener las rodillas peladas con Mr. Blogger porque yo he tenido que hacer un copia y pega :(

Pablo dijo...

Bueno, me lo pusieron como "Borrador"... no estoy seguro del motivo, quizás es porque antes de publicarlo llevaba varias horas escrito allí... pero bueno, ¿has mirado en borradores?.

raul dijo...

Nada. Quizá al volver a poner el mismo no han hecho nada, ni idea

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