13/4/11

Día 26

Y estoy enfermo. Enfermo enfermo, pero aún así no he pedido la baja, porque si bien mi trabajo no me apasiona sobremanera, es el único que tengo.


Mocos tan verdes que parecen radiactivos, dolores de garganta que sólo remiten a la tercera copa de sangría, y dolores de cabeza que van y vienen sin preaviso. Por no hablar del oído, que abandoné mi antiguo sistema de audición stereo 2.0 para oír en mono usando sólo el izquierdo.

Por lo demás bien, sigo haciendo cosas para no morir de aburrimiento, aunque corro el riesgo de morir de enfermedad. Quizás me curaría un poco más rápido si dejara la otitis, el resfriado y la irritadísima garganta en casa por un día, pero no soy capaz.

Hoy, fuimos a cenar con Eloi, Jaime y Yanyan a nuestro restaurante chino favorito. Vamos tanto que ya tengo confianza suficiente para hacer bromas en chino con los camareros. Me lo paso en grande comiendo con palillos, tengo tanto nivel que ya lo he puesto en la nueva edición de mi curriculum.

Tras la sangría, la comida, y la charla superficial, Eloi y yo nos dimos cuenta de que pese a la amistad que tenemos desde hace año y meses, no sabemos tanto el uno del otro. Más bien no sabe tanto él de mí, quizás. Y es que no me interesa demasiado el darme a conocer; tengo la eterna sensación de estar perdiendo mi tiempo y haciendo a los demás que pierdan el suyo.

- ¿A qué edad perdiste la virginidad?

- No recuerdo... ¿19? ¿20?

- Haaaalaaaaaaaaaa, ¡¡qué tarde!!... no das esa imagen para nada. No serás de esos que pueden contar a los que se han tirado con los dedos de una mano... ¿no?

- Hombre... con una mano creo que no...

Pero la realidad es que sí. Vine pensándolo en el autobús y, con una mano, tengo de sobra. ¿A qué imagen se refería? Aún sigo preguntándome. 'No estoy orgulloso del histórico de mi vida sexual. Pero tampoco avergonzado' aclaré al final. ¿Qué imagen doy?.

- Desde luego, de cualquier cosa menos de mojigato.

Es que no lo soy. No me acuesto con cualquiera por el simple hecho de que cualquiera no me atrae. Quizás sea yo muy exigente con ese hobbie, pero si yo respeto a los que sólo van al cine a ver películas de las que esperan muchísimo, hay que entender a quien sólo folla con quien le excita muchísimo. O quiere muchísimo. O ama muchísimo.

Aunque según me dijeron hoy tampoco aparento ser romántico. Yo estoy convencido de que el motivo es que su concepto de romanticismo es regalar rosas en San Valentín, y mi concepto de romanticismo es no salir en 7 días de un hospital cuando mi pareja está internada. Seamos sinceros; el hecho de decir "te quiero" no es romántico. Sentirlo es romántico incluso aunque no se lo digas a nadie.

Mi romanticismo no se ve. No hay rosas, no hay poemas; sólo lágrimas que no se ven, y sentimientos que se difuminan entre rosas condenadas, tequieros sin vida y poemas más trabajados en sus formas que en el fondo.

Necesitamos igualmente ese concepto del amor que incluye las rosas, los poemas, y los tequieros. ¿Cómo si no iban a poder diferenciarlo aquellos que no han amado nunca?

8/4/11

Día 21

Hoy fui a cenar con José, amigo y excompañero de trabajo, que actualmente convive con una turbia relación que empaña su vida, y por extensión la de todos los que le rodean.


Me angustia bastante hablar con él sobre ese tema. En parte, porque me recuerda al Yo del pasado en su constante negación de la realidad y modificación del pasado. Por si no fuera poco, escribe su futuro con trazos de esperanza y, por qué no decirlo, con bastante imaginación.

Aún sabiendo que nada de lo que le digo le llegará de verdad, puesto que está cegado por sus deseos de recuperar lo que piensa que tuvo, hago un enorme esfuerzo por hacerle notar lo que tanto me costó aprender. Esta noche no paraba de repetir lo mucho que le dolería perderlo.

"No es tuyo, sólo comparte su vida contigo"

Y lo hace por interés. No digo esto por ser cruel, sé que en su estado es difícil ver que el amor incondicional que tanto nos venden en televisión, está reservado para películas sobre barcos que se hunden o parejas que se comunican mediante una medium negra, pero creo que no pensar en lo inalcanzable es bueno para despertar.

El amor es, al menos en sus inicios, otra forma de interés. No es material; no intento confundir eso con el amor, pero es el interés más básico de todos. Nos gusta sentirnos bien al lado de alguien que se sienta bien, y para que eso ocurra es requisito indispensable que esa persona sea feliz. No que esté feliz, sino que sea feliz, o quiera serlo.

Recuerdo haber comentado alguno de los cinco años que llevo escribiendo este blog, que había dos tipos de personas, las que desprenden energía y las que consumen energía, y creo que es aplicable a todas las relaciones de la vida. Y el amor no iba a ser una excepción... si no hay cierto equilibrio se irá a la mierda.

Hay mucha gente que piensa que ser feliz por uno mismo, independientemente de la felicidad de los demás, es egoísta, pero la realidad es que no hay ninguna alternativa válida a ser feliz por uno mismo.

"No dejes tu felicidad en sus manos. Ni en las de nadie" le dije luego.

Siendo feliz contagias tu felicidad a quienes te quieren, y les acercas a tu vida. Cuando estás triste y sólo drenas energía, entristeces a quienes te rodean y, sin siquiera darte cuenta, les alejas de ti. No intento ponerme excesivamente metafísico. Lo que comento es, sobre todo, sentido común.

El amor es, en cualquier caso, una travesía complicada. Hacemos una parte del viaje con la razón, pero los sentimientos hacen un viaje paralelo cuyo volante no podemos controlar. Están relacionados pero no son equidistantes.

Siempre imagino el amor como un viaje en vespa con sidecar, solo que en lugar de estar unidas por una sólida estructura metálica, se unen por un elástico que va cediendo en flexibilidad. Así, cuando la distancia entre la moto (razón) y el sidecar (sentimientos) es demasiado grande, ¡CLAC!. Ahora tenemos una vespa en Móstoles y un sidecar en Guadalajara.

*Teoría de la Vespa y el sidecar.

Qué se le va a hacer, estamos aquí para ser felices. Ya sea llevando una flamante Vespa con su sidecar, o un triciclo con cuatro latas atadas detrás.

6/4/11

Nathalie

Resulta ser que tuve una novia.

Bueno, a decir verdad tuve varias, pero una sola encajaba realmente en el concepto de novia más extendido, puesto que la quería de verdad y no teníamos sexo. Luego tuve otras, sí, pero sólo eran una pieza más de un puzzle. Un puzzle que si hubiera tenido nombre habría sido "Coloca en orden toooodas estas hormonas".


Es una historia muy curiosa porque ambos teníamos 5 años la última vez que nos vimos. Nos despedimos en la escuela en la que hicimos lo que en Argentina se llama el jardín de infancia, y cada uno le llevó un regalo al otro. Recuerdo haber llorado mucho aquel día, porque aunque es difícil de creer, pienso que aquella vez asumí, por primera vez, que no siempre dependería de mí el ver a la gente a la que quería.


Yo le regalé un conejito depeluche a ella, y ella me regaló un perrito rosa a mí. Raro es que ambos recordemos aquello con mucho cariño dos décadas después. Surrealista es que ambos conservemos dichos peluches, pero lo que es acojonantemente alucinante y escalofriantemente premonitorio, es que veintiún año después yo sea gay y ella lesbiana.

La cosa es que lo descubrí porque ella se pasó mucho tiempo intentando ponerse en contacto conmigo, cuando yo a duras penas la mantenía en mis recuerdos a través de Pochoclo, mi perrito de peluche rosa. Un buen día, y gracias a que mi padre tiene una ajetreada vida online, Nathalie consiguió dar con él, y a través de él, conmigo.

Me ha gustado mucho saber de ella. Es difícil de creer que alguien con quien sólo compartiste dos años de vida a edad temprana, pueda recordarte con tanto cariño como para pasar años y años tratando de volver a ponerse en contacto. Y justo hoy es lo que necesitaba, después de experimentar con mis propios sentimientos lo fríos que podemos llegar a ser.

En cualquier caso, mil millones de gracias, Nathalie, por empezar conmigo el peligroso camino de querer a las personas, y aparecer, cual ángel de la guarda, para devolverme un poco de esperanza en los seres humanos cuando más me hacía falta.

4/4/11

Día 17

Aunque me considero un 'lobo solitario', debo reconocer que me gusta la sensación esa de que no me dejen en paz de vez en cuando. Y la verdad es que desde que empezaron las vacaciones me he sentido así la mayor parte del tiempo.


Especialmente este fin de semana, que con la visita de José y Bego, he dormido 10 horas en total, habré caminado más que los protagonistas de The Way Back, y he consumido más litros de alcohol que los que compra el Gregorio Marañón. Cada año.

Por eso tengo la sensación de que lo pasamos genial, y a pesar de las lagunas espacio-temporales, las pruebas gráficas que han ido apareciendo parecen confirmar lo que mis recuerdos intuían.

A pesar de los buenos momentos, de los efectos analgésicos y desinhibidores del alcohol, y el cariño de mucha gente, a ratos aún siento que me acompaña aquella canción de El sol no regresa.

Ayer hubo algo así como una marcha Zombie por Madrid. Nos costó horrores encontrar algún sitio en el que cenar por el centro, ya que todo parecía un escenario del próximo Resident Evil, pero finalmente encontramos un pequeño restaurante de comida casera en el que todo estaba bastante bueno. Eso sí, el vino de la casa tenía un sabor muy cercano a lo que sería mezclar alcohol 96º con la tinta de un calamar. Disgusting.

A los tres tragos ya hacía eses para ir al baño. Momento que quedó guardado en la cámara de bego, en lo que sin duda es la foto en la que mejor salgo de todo el fin de semana:


¡Os podéis imaginar cómo son el resto!.

Eso sí, pese a la sensación de estar bebiendo alcohol de curar, sus efectos cumplieron a la perfección, porque hacía meses que no estaba yo tan sociable como ayer. Es más, no sólo hablé con mis amigos y con los amigos de mis amigos, sino que le dediqué diez minutos enteros a un hombrecillo rarísimo que, en un intento de algo impreciso, estuvo contándome largo y tendido lo mucho que le gustaba mi camiseta, y todo lo relacionado con Otto, the automatic pilot. Es más, reaccioné súper bien cuando me dijo "¿Te importa si te espero en la puerta del baño mientras vas a mear?".

El domingo nos tocó un día lluvioso como hacía varios meses que yo no veía, y con el paso de la tarde a la noche, poco a poco las visitas se fueron marchando y dejando esa paz que no estaba muy seguro de si echaba de menos. En general fue un fin de semana muy grande, aunque tras varios tequilas, sigo con la sensación de que las nubes se van pero el sol no regresa.

29/3/11

Día 11

Recuerdo que un par de años atrás, tuve la oportunidad de hablar -en un entorno ajeno al trabajo- con una chica que me seleccionó para uno de mis puestos de tripulante. Recuerdo que en el transcurso de la noche le pregunté por qué nos habían seleccionado a algunos de nosotros, descartando a otros que parecían perfectamente válidos para el puesto.


En resumen, me contestó que allí la decisión recaía en la opinión de la psicóloga, ya que buscaban gente que no sólo hablara inglés, cumpliera ciertos requisitos físicos y demostrara cierta educación, sino que era fundamental que estuvieran seguros de que no discutiríamos de política con un desconocido, o no opinaríamos sobre el regalo de fulanito a menganito sin un mínimo de confianza previa, por ejemplo.

En aquel momento pensé que quizás mi personalidad era tan predecible que podía detectarla una psicóloga de poca monta en una hora de juegos de guardería, pero la realidad es que, aunque acertaron conmigo en eso, trabajando me di cuenta de que el proceso no era del todo preciso, por decir algo distinto a que funciona de puta pena.


Creo recordar que por aquel entonces empecé a pensar seriamente que las personas valen más por lo que callan, que por lo que dicen, y también desde entonces reforcé la supuesta cualidad de no comentar lo que me parece el regalo de fulanito a menganito cuando no hubo concesión de confianza.

En algún otro momento, con el objetivo de complementar tan insulsa personalidad, aprendí a decirlo todo sin decir nada.

Por otra parte, el otro día mientras visitaba el piso de pilar, me di cuenta de que quizás se acerque el momento de comprar un piso. Todo el mundo lo hace, y yo cada vez estoy más alejado de la visión apocalíptica del mundo en la que podría morir pasado mañana. Creo que de ahí deriva mi ansiedad en reestablecer las relaciones humanas con tanta urgencia. Igualmente lo de acercarse es metafórico, porque muchos euros deben llover aún para que la idea pase de ser una estupidez.

Viendo un programa de estos de -Gentilicio en plural- por el mundo, hablaban de Colombia, y en particular de los habitantes de un pueblo cuyo nombre se parecía a Cachibache, que eran la prueba fehaciente de quien menos tiene, menos necesita. Me resultó curioso e irónico el pensar que probablemente ellos ven nuestro 'nivel de vida' materialmente inalcanzable, cuando realmente somos nosotros los que vemos su nivel de vida espiritual inalcanzable. Lo que está claro es que si ellos vivieran en nuestra maquinaria consumista y capitalista tampoco podrían volver atrás.

Por unos momentos sentí envidia de ellos por no saber lo que es el iPad, ni tener la Playstation. Y luego vine a contarlo mientras echaba unas partiditas. Somos esclavos de un estilo de vida que se nos vende como guay, aunque todos sabemos que no lo es tanto...

28/3/11

Día 8

Hoy me preguntaron qué clase de comienzo marcaba el título de mis post. Y en realidad ninguno, pero es más cómodo poner un título secuencial que pensar en títulos personalizados. Especialmente cuando te sientas a escribir y no tienes ni la más remota idea de lo que acabarás hablando.


Como hoy, por ejemplo, que pensaba que vendría a quejarme de Nintendo por hacer juegos tan cortos cuando probablemente acabaré hablando del amor, del desamor, o las mariconadas de siempre.

Y es que hace un ratito me puse a ordenar mi viejo ordenador. Que tampoco es tan viejo, pero guarda cosas que, como siempre pasa, ni recordabas que existían. Abrí una carpeta, que se llamaba "Ordenar", que dentro tenía otras ciento veinticuatro carpetas. Algunas de series, otras de pornografía de escasa calidad, y una que llamó especialmente mi atención porque se llamaba "Fotitos happy".

"Última modificación: 26 de Septiembre de 2008"

Sólo había 3 fotos dentro, de las que rescaté ésta.


Evidentemente no es por la calidad de la foto, ni por la belleza de los integrantes, pero recordé que en ese preciso instante era infinitamente feliz. Una felicidad tangible que casi podía tocar en la foto.

No, no tenía pareja, ni ángeles cantándome baladas antes de irme a dormir, pero tenía mi piso, mi trabajo, a mi familia cerca, y a mi amigo el militar que venía a echar un polvo de vez en cuando. Era la típica vida perfecta y sin grandes complicaciones que, un par de meses más tarde tuve que joder. Fui un juguete roto y así me he sentido hasta hace muy poco.

Pero el pasado no va a volver, no puedo hablar de la poca importancia que tiene hace dos días y dejarle minar mi mente con nuevos obstáculos. No va a volver. Ahora es cuando toca pensar que vuelvo a tener mi trabajo, mi piso, a la familia "cerca", y recordar que fui muy feliz sin necesitar una pareja, ni ángeles cantándome baladas antes de ir a dormir. Llegó el momento de ser feliz por ser quien soy, e impedir que mi felicidad dependa de cómo sean los demás conmigo.

Vamos a ser felices :).

26/3/11

Día 6

Esta casa está emocionalmente cargadísima. Venir aquí es algo que me cuesta mucho hacer. Entrar en esta casa significa enfrentarse a un flujo constante de sentimientos encontrados. Recuerdos geniales y dolor que sale al abrir cada puerta.


Desde que me fui de aquí hace más o menos un año y medio, no he vuelto a dormir en el que un día fue mi cuarto. Pese a tener una cama mucho más grande, cada objeto que toco allí me produce una descarga de nostalgia que mi cuerpo no asimila bien. Los cajones aún mantienen el orden que él dejó en ellos, y cerrar allí los ojos convierte mi vida en un flashback de fotos que se rompen, y corazones que se decoloran quedando en blanco y negro.

Aprovechando que mi empresa me regaló 600€ este mes, decidí (irresponsablemente) darme uno de esos caprichitos que me hacen olvidar por un rato que tengo un lado emocional, al que por cierto no soporto. Así fue como me hice con la Nintendo 3DS, que me ayuda a matar un poco el tiempo en estas largas vacaciones.


Y ahí está inmortalizado ese momento. De vez en cuando tengo que comprar algo que todo el mundo quiere, para sentir esa absurda sensación de que el dinero todo lo puede comprar.

Hablando de comprar, el otro día me agencié en el súper de unas galletitas de la fortuna. La primera y única que me comí dijo lo siguiente:


Mentiras aparte, el mensaje de la galleta es muy sabio. Quizás la galleta no sabe que lo que dijo no se ajusta un cojón a mí, pero sí es cierto que estoy dispuesto a perserverar de ahora en adelante con aquello que considere necesario. La vida es cortita, ¿verdad?

Desde que era pequeño he vivido en nueve ciudades diferentes, marcando cada una de ellas el final de una etapa de amistades, relaciones y vivencias que asumí como parte inevitable de la vida. Pero no lo era. Perdemos a la gente porque sobrevaloramos nuestro orgullo y magnificamos el pasado cuando lo único importante es el presente. Somos necios y al mismo tiempo, los peores enemigos de nosotros mismos.

21/3/11

Día 2

Fui a buscarle a la universidad, donde repartía periódicos después de clase. Lo hice porque tenía por objetivo hacer tres cosas; la primera, decirle que no me importaba con quién estuviera, por una serie de motivos que pasaría a explicar. Segundo, despedirme. Yo me marcho hoy y él pronto, por lo que me hubiera gustado hacerlo así. Y tercero y último, darle un redbull.


Yendo allí caí en la cuenta que hoy no habría madrugado. Primer fallo de lo que sería una cadena. Entré en esa especie de Hall de puertas acristaladas donde solía estar, pero su puesto estaba cerrado y no había nadie allí; eran las 16.15 y me extrañó su ausencia.

Le pregunté a una señora que había metida en una especie de pecera: "perdone, ¿el chico que suele estar ahí con los periódicos?". "Al fondo de este pasillo a la izquierda", me contestó muy rápido.

Caminé siguiendo sus instrucciones, y efectivamente, allí había un puesto de periódicos, y éste estaba abierto. Eso sí, mi chico de los periódicos había cambiado hasta el punto en que ahora era sudamericano, muy moreno y tenía los pelos de punta.

Recorrí todo el campus, hasta que, cansado de dar vueltas y husmear en todas partes, salí por una de las puertas con cristales. "Si ve al chico de los periódicos, ¿puede darle esta lata?. Gracias".

Y así fui a casa de Eloi, a despedirme también de él, para luego volver a hacer la maleta a casa.

Coño, ¡¡¡¡la maleta!!!!.